Has contemplado una serie de reflexiones que podrían transcribirse en unas "frases o sentencias", y las has elevado al ara de la poesía. Las adornaste, las engalanaste, le diste melodía, construyendo con ellas un estético soneto con la originalidad de empezar por los tercetos. Cumpliste lo exigido en los endecasílabos propios (acentos sin fallo en 6ª y 10ª) y su ritmo de cantidad es, igualmente, correcto. La secuencia de los pensamientos expuestos es la apropiada, tal como también se exige en los sonetos, siendo el último cuarteto (en este caso, estrofa que cierra el poema) el culmen de las ideas y conceptos reflejados. Por todo ello te felicito, pues el continente del soneto es de altura en sí mismo, al margen del contenido, con un verbo rico y muy poético.
Razón nublada, locura, deseo, ingenuidad, el zarandeo del destino, el cuestionamiento a la propia existencia, la idea de "la nada"............todo ello como elementos de "la ilusión", de un espejismo, que nos sumerge en un halo de incertidumbre, de nostalgia por las vivencias "nunca vividas", y de melancolía condimentada con un destello de inteligente lucidez con la que nos planteamos todas esas cuestiones.
Mis estrellas, querido amigo, que sus luces alumbren nuestro entendimiento y comprensión del arcano Cosmos.
Y, si la maquinilla carajotilla, jaja, me permite, la reputación muy merecida. Este poema, de una profundidad densa e intensa, y de belleza intrínseca, la merece.
Un fuerte abrazo.