... a tu comentario de que mi Musa está viva, y claro, cuando es como María Eugenia, los versos son exultantes, pletóricos de sentimiento, buscando reflejar como en un espejo, lo mejor del amor.
No siempre ha sido así.
Más atrás, si buscas, encontrarás otros, más... ¿existenciales?
Mira: yo no pretendo que me nombren poeta; no me interesan mucho las estrellitas, no creo mucho en esa "musa" que te otorga el Divino Don de la Palabra. Más bien creo en el trabajo fecundo, en sentarse con un papel y un lápiz en el colectivo, en un café a la salida de mi terapia o hasta (como ha pasado) en la espalda del señor que estaba delante mío en un subte que parecía más una lata de sardinas bien llena, que el lugar óptimo para escribir.
A mí amontonar puñados de palabras en forma de verso me cuesta, y mucho. Claro que, como en novela, todo nace de una sensación o un sentimiento que nos asalta (tal como lo describes), así de golpe, sin previo aviso... y hay que fijarlo, para a partir de allí, comenzar a construir, ladrillo a ladrillo (muy buena tu alegoría: "arquitectos del amor y la poesía", por cierto) lo que terminará siendo ese puñado de palabras sentidas, ordenadas en forma de versos.
¿Doscientos libros? ¡Vaya! A mis cincuenta y cinco años, ya llevo perdida la cuenta de los miles, y todos trabajados, escritos, con llamadas al pie, con comentarios. Un señor escritor, que ha hecho algo así como quinientos millones de dólares con sus obras, escribió: "Se empieza así: poniendo el escritorio en una esquina y, a la hora de sentarse a escribir, recordando el motivo de que no esté en medio de la habitación. La vida no está al servicio del arte, sino al revés". ¿No te parece maravilloso?
Un privilegio haberte conocido, amiga Romy.
Un cariño
Luis
PD: Celebro que seamos compatriotas.