Ezegaleon
Poeta recién llegado
Imagen recurrente.
Cubierta estás de sábanas
mientras con tu cuerpo dibujas trampas que incitan a la tentación.
Suave te descubres en lo que parece ser tu lecho de seda.
Una etapa de calma después de haber gastado
hasta el último grito de excitación, la última gota de sudor,
la última frase de amor, construida con el aire que se funde en tu voz,
el mismo que usas para poder suspirar.
¿Recuerdas cuando fuimos solo y nada más que uno?
Aquel momento en nuestra eterna intimidad
en la que dejaste tejer por mí aquellas fantasías
que solo contigo descubrí.
Cuando con mi aliento recorrí los senderos que forman
las curvas de tu cuerpo que se abren paso cubiertas
de aquellos deseos que forman las delicadas texturas
de tu piel infinita.
Regálame esa imagen.
Invádeme en silencio cuando el tiempo no es más tiempo
y permite que mi cuerpo se funda en tu humedad.
Recuérdanos tan eternos, revive aquel momento;
que donde otros hombres han fracasado tú me haces
sentir tan inmortal.
No quiebres con palabras esta calma que nos cubre.
No te preocupes por lo que sucederá mañana si el
universo es nuestro ahora.
No necesito oírte, cuando siento que estás cerca
no hace falta que lo digas.
Procura dibujar nuestra imagen solo por hoy,
solo por ahora, y déjame merecerlo
hasta el final de este día.
Eres esa imagen.
Y jamás he de descubrirme mejor
que cuando mi cuerpo te explora,
cuando estoy tan profundo en tu interior,
cuando se nos acelera la respiración,
cuando somos tan perfectamente complementarios,
cuando redundo en tu apasionada humedad,
cuando nos sentimos tan eternos,
y en nuestro universo me regalas aquellos trazos
formados por los destellos de tu infinita piel.
Cubierta estás de sábanas
mientras con tu cuerpo dibujas trampas que incitan a la tentación.
Suave te descubres en lo que parece ser tu lecho de seda.
Una etapa de calma después de haber gastado
hasta el último grito de excitación, la última gota de sudor,
la última frase de amor, construida con el aire que se funde en tu voz,
el mismo que usas para poder suspirar.
¿Recuerdas cuando fuimos solo y nada más que uno?
Aquel momento en nuestra eterna intimidad
en la que dejaste tejer por mí aquellas fantasías
que solo contigo descubrí.
Cuando con mi aliento recorrí los senderos que forman
las curvas de tu cuerpo que se abren paso cubiertas
de aquellos deseos que forman las delicadas texturas
de tu piel infinita.
Regálame esa imagen.
Invádeme en silencio cuando el tiempo no es más tiempo
y permite que mi cuerpo se funda en tu humedad.
Recuérdanos tan eternos, revive aquel momento;
que donde otros hombres han fracasado tú me haces
sentir tan inmortal.
No quiebres con palabras esta calma que nos cubre.
No te preocupes por lo que sucederá mañana si el
universo es nuestro ahora.
No necesito oírte, cuando siento que estás cerca
no hace falta que lo digas.
Procura dibujar nuestra imagen solo por hoy,
solo por ahora, y déjame merecerlo
hasta el final de este día.
Eres esa imagen.
Y jamás he de descubrirme mejor
que cuando mi cuerpo te explora,
cuando estoy tan profundo en tu interior,
cuando se nos acelera la respiración,
cuando somos tan perfectamente complementarios,
cuando redundo en tu apasionada humedad,
cuando nos sentimos tan eternos,
y en nuestro universo me regalas aquellos trazos
formados por los destellos de tu infinita piel.
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