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Imagina mi niña que ésta noche
como suelo hacer me acerco a tu casa
y abriendo la puerta llego a tu habitación
donde duermes y con un beso te despierto
y entonces la gaviota que nos mira
desde el mueble junto a la bailarina
cobra vida y se posa en mi hombro
para echarse después a volar sobre un mar
que de pronto ha surgido nadie sabe de dónde
y una silla sale a mi encuentro caminando
cuatro piernas terminadas en pies
y me obliga a sentarme aunque no deseo
descansar sino seguir besando tus labios;
y los pantalones que cuelgan del perchero
me persiguen y no me dejan en paz
ni tranquilo hasta que me los pongo.
Imagina que el vaso donde has bebido agua
se queda lascivo pegado a mis labios
y no se despega por más esfuerzos que hago.
Así que mejor a tu casa esta noche no voy
pues en tu casa suceden cosas muy extrañas
y allí estás tú con tu rostro que es todo labios
que al besarme devoran los míos como un fuego
que todo lo consumen mi voluntad incluida
de marcharme de tu lado y regresar a mi casa
donde un cisne nada en un lago debajo de mi cama.