Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Imagínate la tierra
anegada por las aguas de todos los mares
como una gran bañera de cuerpos sumergidos;
allí tu casa está, pez de ojos hinchados
que mira la tarde vuelta cenicero
donde el sol se apaga hasta el último humo.
La impaciencia no es algo que pueda imaginarse bajo el agua,
hay un deseo ilógico de desierto en las esponjas
deseos de ser cuerpos diferentes entre manos
que las estrujen y dejen
sólo el aire entre sus huecos.
Persigo el hueco como mi última meta,
un vacío sin muebles en la casa donde habito,
la palabra suspendida sin lugar donde esconderse.
Imagínate, la tarde hecha cenizas
y un océano sin sal donde beberte
hasta la última estrella,
hasta la última piedra con sus sueños de barco.
Imagínate y luego,
cuando termines de imaginarte bien de otra manera,
bórralo todo
y vuelve a imaginarte como eres.
anegada por las aguas de todos los mares
como una gran bañera de cuerpos sumergidos;
allí tu casa está, pez de ojos hinchados
que mira la tarde vuelta cenicero
donde el sol se apaga hasta el último humo.
La impaciencia no es algo que pueda imaginarse bajo el agua,
hay un deseo ilógico de desierto en las esponjas
deseos de ser cuerpos diferentes entre manos
que las estrujen y dejen
sólo el aire entre sus huecos.
Persigo el hueco como mi última meta,
un vacío sin muebles en la casa donde habito,
la palabra suspendida sin lugar donde esconderse.
Imagínate, la tarde hecha cenizas
y un océano sin sal donde beberte
hasta la última estrella,
hasta la última piedra con sus sueños de barco.
Imagínate y luego,
cuando termines de imaginarte bien de otra manera,
bórralo todo
y vuelve a imaginarte como eres.