Byroniana
Poeta fiel al portal
Dedicado a mi persona, que tantas veces me impide realizarme a mí misma.
También hago este poema en honor a un tema que una vez hablo Luis Videla, en el que decía que tan solo unos pocos eran capaces de escribir sobre lo esperpéntico, el lado rebelde, la materialidad de la persona, la impureza, la imperfección, etc.
Pues quise atreverme a escribir sobre mi otro lado, el que veo día a día y desprecio, pero apenas consigo superar. Gracias Luis, por levantarme nuevas ideas, entre ellas esta, que me ha ayudado a profundizar más en mí misma. A tu sabiduría también dedico este poema.
Imperfecta mujer
Por primera vez,
a ti, ¡cobarde! ,
de imagen pura
pero razón inconexa,
que también profunda
y bastante de necia.
A ti, y no intentes
que el verso escape
para otra boca
en otro entendimiento.
A ti, sí, no seas
modesta, mujer.
No eres más
que lo que pueda ser
trozo de miseria,
más que el intento
de ser humilde
y apenas lo intentas,
más que el errante,
el fallido humano
que siente y padece
sin entender
de sufrimiento
y sin sufrir
padecimiento.
Por primera vez,
a tu legua que otorga,
que ni se inmuta,
le escupo defectos:
tanto maldice
su propia congoja,
pues ni tiempo toma
de aprender
a sostener sus
pequeños tormentos.
Deja ya el juego
de interponer al rodeo
la tristeza malsana.
¡Aprende de una vez,
aprende,
a aguantar el infortunio
con tan solo un dedo,
y con los nueve restantes
aprende a amar la vida,
y consigue amarte!
También hago este poema en honor a un tema que una vez hablo Luis Videla, en el que decía que tan solo unos pocos eran capaces de escribir sobre lo esperpéntico, el lado rebelde, la materialidad de la persona, la impureza, la imperfección, etc.
Pues quise atreverme a escribir sobre mi otro lado, el que veo día a día y desprecio, pero apenas consigo superar. Gracias Luis, por levantarme nuevas ideas, entre ellas esta, que me ha ayudado a profundizar más en mí misma. A tu sabiduría también dedico este poema.
Imperfecta mujer
Por primera vez,
a ti, ¡cobarde! ,
de imagen pura
pero razón inconexa,
que también profunda
y bastante de necia.
A ti, y no intentes
que el verso escape
para otra boca
en otro entendimiento.
A ti, sí, no seas
modesta, mujer.
No eres más
que lo que pueda ser
trozo de miseria,
más que el intento
de ser humilde
y apenas lo intentas,
más que el errante,
el fallido humano
que siente y padece
sin entender
de sufrimiento
y sin sufrir
padecimiento.
Por primera vez,
a tu legua que otorga,
que ni se inmuta,
le escupo defectos:
tanto maldice
su propia congoja,
pues ni tiempo toma
de aprender
a sostener sus
pequeños tormentos.
Deja ya el juego
de interponer al rodeo
la tristeza malsana.
¡Aprende de una vez,
aprende,
a aguantar el infortunio
con tan solo un dedo,
y con los nueve restantes
aprende a amar la vida,
y consigue amarte!