Pero, qué dices?
Cuentas historias increíbles,
recorriste largas, solitarias sendas
que te trajeron, al fin, hasta esta orilla.
Apareces en una combinación pertinaz
de balcones y olores fugaces,
cuando es vieja ya la tarde,
y los oídos, escépticos de la mezcla de voces,
de gritos, de besos que parecían regalados,
se vuelven hacia donde el sol
parece escaparse para descansar de nosotros,
de las jornadas pagadas
y de las que quedarán pendientes.
Me entregas el sortilegio astral
de tus caricias fáciles,
como si prometieran, en voz baja, ser eternas,
constantes e inmediatas,
sin el temor visceral
a los paréntesis de tus manos
mientras me miras.
Perdona mi letra pensativa,
es que olvidé en alguna parte,
mi extraña costumbre de querer
sin antes preguntar a dónde vamos.
Cuentas historias increíbles,
recorriste largas, solitarias sendas
que te trajeron, al fin, hasta esta orilla.
Apareces en una combinación pertinaz
de balcones y olores fugaces,
cuando es vieja ya la tarde,
y los oídos, escépticos de la mezcla de voces,
de gritos, de besos que parecían regalados,
se vuelven hacia donde el sol
parece escaparse para descansar de nosotros,
de las jornadas pagadas
y de las que quedarán pendientes.
Me entregas el sortilegio astral
de tus caricias fáciles,
como si prometieran, en voz baja, ser eternas,
constantes e inmediatas,
sin el temor visceral
a los paréntesis de tus manos
mientras me miras.
Perdona mi letra pensativa,
es que olvidé en alguna parte,
mi extraña costumbre de querer
sin antes preguntar a dónde vamos.