Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
IMPONDERABLE
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Me recreaba siempre contigo
... tus besos.
Viajaba por ellos, aún más allá,
de aquellas distancias en que anduvimos presos,
en nuestros amores de ensueño,
por la tibieza del aire, del viento,
por la suavidad de las tardes
y en la ansiedad.
La ansiedad que llegara a penumbras,
en nuestro periplo del cielo,
después del crepúsculo rosa,
nuestro amar.
Cuando tu alma,
volaba ciega conmigo
alta evadida dichosa,
en la inmensidad,
de aquellos amores que juntos,
pudimos crear.
Me recreaban también
... tus llantos.
Sufría por ellos, aún con gozar,
de verte en celos hermosos, en que me atabas con garfios,
en nuestras iras, nuestros conflictos
de rimas y prosas ,
cuando a la luz te veías aún más preciosa,
en el dolente matiz de esas tardes
y en tu penar.
Tu penar que llegara a penumbras,
en nuestro periplo del celo,
después de una tarde horrorosa,
el llorar.
Cuando tu alma,
Como gata engrifada y preciosa
me abandonaba orgullosa,
en la soledad,
de aquellos rencores que juntos,
pudimos calmar.
Me recreaba, incluso conmigo
... en tu ausencia.
Sufría por ella, pero al soñar,
que en tus retornos, en abrazos fundiríamos los pechos,
en nuestro amor grande, sereno
De piedra y tierno,
propio del alma de novios eternos
y en la suavidad de nuestras tardes,
pensar.
Pensar que no llegaría nunca,
en nuestro periplo del cielo,
en esa hermosura azarosa,
un jamás.
Un jamás que tu alma,
me abandonara orgullosa,
por la eternidad;
después que todo éste amor,
de sudor de azúcar y cáñamo
de cansancio verde
flores y aguas del páramo
te había podido brindar.
Pero,
¿qué sucedió?.
¿Que oscuro designio del tiempo,
en la brisa tenue del páramo,
que circunda el mullido nido,
entretejió el terrible ruido
de un jamás?.
Un jamás ¡oh terrible ruido¡,
que provocó todo mi quebranto,
pues el vuelo lejos de tu alma, presto,
me sumió en un amargo sollozo,
contínuo y silente llanto
del cual no podré claudicar.
¿Qué horroroso presagio había,
en ese pecho en el que yo dormía,
sin querer despertar?.
¿Qué tristeza muda guardó,
para mí éste mar de lágrimas,
que hoy ya mis ojos son ánimas,
las que el aire olvidó
y la tarde más puede olvidar?.
Pues ni siquiera ahora los sustentan,
para que ellos a tientas,
busquen con ansias de nuevo,
el dulce farol
de tu amar.
Hoy, mi vida es un desecho.
... Laceraste mi pecho.
Comprende cariño
mi cielo fue tu cariño;
pues junto a ti,
el cielo no era el cielo.
El cielo solo era el suelo,
solo un guiño.
... El cielo fuimos los dos.
Hoy no se de contentos,
hoy lloro como un niño
hoy sufro como un preso
como un enfermo
como un pecador inconverso
hoy mi horizonte es atroz.
Imborrables son tus recuerdos.
... Tormento tu triste adiós.
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Me recreaba siempre contigo
... tus besos.
Viajaba por ellos, aún más allá,
de aquellas distancias en que anduvimos presos,
en nuestros amores de ensueño,
por la tibieza del aire, del viento,
por la suavidad de las tardes
y en la ansiedad.
La ansiedad que llegara a penumbras,
en nuestro periplo del cielo,
después del crepúsculo rosa,
nuestro amar.
Cuando tu alma,
volaba ciega conmigo
alta evadida dichosa,
en la inmensidad,
de aquellos amores que juntos,
pudimos crear.
Me recreaban también
... tus llantos.
Sufría por ellos, aún con gozar,
de verte en celos hermosos, en que me atabas con garfios,
en nuestras iras, nuestros conflictos
de rimas y prosas ,
cuando a la luz te veías aún más preciosa,
en el dolente matiz de esas tardes
y en tu penar.
Tu penar que llegara a penumbras,
en nuestro periplo del celo,
después de una tarde horrorosa,
el llorar.
Cuando tu alma,
Como gata engrifada y preciosa
me abandonaba orgullosa,
en la soledad,
de aquellos rencores que juntos,
pudimos calmar.
Me recreaba, incluso conmigo
... en tu ausencia.
Sufría por ella, pero al soñar,
que en tus retornos, en abrazos fundiríamos los pechos,
en nuestro amor grande, sereno
De piedra y tierno,
propio del alma de novios eternos
y en la suavidad de nuestras tardes,
pensar.
Pensar que no llegaría nunca,
en nuestro periplo del cielo,
en esa hermosura azarosa,
un jamás.
Un jamás que tu alma,
me abandonara orgullosa,
por la eternidad;
después que todo éste amor,
de sudor de azúcar y cáñamo
de cansancio verde
flores y aguas del páramo
te había podido brindar.
Pero,
¿qué sucedió?.
¿Que oscuro designio del tiempo,
en la brisa tenue del páramo,
que circunda el mullido nido,
entretejió el terrible ruido
de un jamás?.
Un jamás ¡oh terrible ruido¡,
que provocó todo mi quebranto,
pues el vuelo lejos de tu alma, presto,
me sumió en un amargo sollozo,
contínuo y silente llanto
del cual no podré claudicar.
¿Qué horroroso presagio había,
en ese pecho en el que yo dormía,
sin querer despertar?.
¿Qué tristeza muda guardó,
para mí éste mar de lágrimas,
que hoy ya mis ojos son ánimas,
las que el aire olvidó
y la tarde más puede olvidar?.
Pues ni siquiera ahora los sustentan,
para que ellos a tientas,
busquen con ansias de nuevo,
el dulce farol
de tu amar.
Hoy, mi vida es un desecho.
... Laceraste mi pecho.
Comprende cariño
mi cielo fue tu cariño;
pues junto a ti,
el cielo no era el cielo.
El cielo solo era el suelo,
solo un guiño.
... El cielo fuimos los dos.
Hoy no se de contentos,
hoy lloro como un niño
hoy sufro como un preso
como un enfermo
como un pecador inconverso
hoy mi horizonte es atroz.
Imborrables son tus recuerdos.
... Tormento tu triste adiós.
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