almatierra
Poeta recién llegado
Como hablando con mi sombra, menciono
un monton de palabras y un cúmulo de sentimientos,
intentando invocar tu nombre, o compararlo con un ave,
o tratar de que nasca esta flor desde el invierno,
no sé, pero deseo tener tu presencia,
o por lo menos esculpir una maravilla con este alfabeto,
y, finalmente conseguir que veas este poema furtivo.
Uno. Primero tu exterior.
Tu imagen, es cási una reprodcción de la primavera,
y te sonrojabas al ritmo del atardecer,
una sonrisa, ligera y sin marcas, tan suave como la danza del viento
me inundaba con un tibio resplandor
y, cuando tus ojos se volvían profundos, veía el vertiente de tu felicidad,
compartiendo conmigo el fragmento de tu ser.
Dos. Luego tú.
Tú es más lejano que tu sonrisa,
pero mucho más fértil y arcano, más extenso,
más facil de amar, y más grande para ser escrito.
Tu cuerpo esconde aquel silencio sepultado en sueños
y disfruto de tener cerca la jaula de tus palabras,
tu mano refugiada en la mía, tus ojos incendiándose en mi rostro
creciendo, con cada alba, un recuerdo impreso en mariposas
que corresponde a aquel nombre, que tuve, o tendré, o perderé.
Tres. Fin.
Finalizo recordándote que este pedazo de sentimiento es mínimo,
de tenerte, improvisaría más allá de las fronteras del deseo
y sería tus alas, para mostrar que eres una maravilla con cuerpo,
y que no despertaría sin recalcar aquel palacio en el que se asienta tu belleza,
y que no dejaría de repetir, con palabras sencillas:
"te amo, te espero, hoy te regalo un lucero
para que sepas de mi corazón de poeta
perdido en la soledad de las estrellas..."
un monton de palabras y un cúmulo de sentimientos,
intentando invocar tu nombre, o compararlo con un ave,
o tratar de que nasca esta flor desde el invierno,
no sé, pero deseo tener tu presencia,
o por lo menos esculpir una maravilla con este alfabeto,
y, finalmente conseguir que veas este poema furtivo.
Uno. Primero tu exterior.
Tu imagen, es cási una reprodcción de la primavera,
y te sonrojabas al ritmo del atardecer,
una sonrisa, ligera y sin marcas, tan suave como la danza del viento
me inundaba con un tibio resplandor
y, cuando tus ojos se volvían profundos, veía el vertiente de tu felicidad,
compartiendo conmigo el fragmento de tu ser.
Dos. Luego tú.
Tú es más lejano que tu sonrisa,
pero mucho más fértil y arcano, más extenso,
más facil de amar, y más grande para ser escrito.
Tu cuerpo esconde aquel silencio sepultado en sueños
y disfruto de tener cerca la jaula de tus palabras,
tu mano refugiada en la mía, tus ojos incendiándose en mi rostro
creciendo, con cada alba, un recuerdo impreso en mariposas
que corresponde a aquel nombre, que tuve, o tendré, o perderé.
Tres. Fin.
Finalizo recordándote que este pedazo de sentimiento es mínimo,
de tenerte, improvisaría más allá de las fronteras del deseo
y sería tus alas, para mostrar que eres una maravilla con cuerpo,
y que no despertaría sin recalcar aquel palacio en el que se asienta tu belleza,
y que no dejaría de repetir, con palabras sencillas:
"te amo, te espero, hoy te regalo un lucero
para que sepas de mi corazón de poeta
perdido en la soledad de las estrellas..."