Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
Improvisar el Amor
Cuándo nacemos el más grande amor que recibimos,
es el de nuestras sacrifidas madres que llorán porque
el amor no se improvisa cuando de sus buenos pechos,
mamamos y que muchas nos ofrecen sin recurrir a los
biberones cuándo poca leche tienen sus buenos dulces,
tiernos pechos;
Pero siempre que llegamos a ser adultos el buen amor,
se tranforma y dónde hubo ilusión ahora de mayores
improvisamos el amor usando nuestra razón para ser,
muy egoístas y pretender recibir sin sufrir en una serie
de valores que nos enseñaron nuestras madres sin pedir,
espectaculares demostraciones de amor;
El verdadero amor no se improvisa se da o no se da pero,
quiere recular para volver a ser ese amor que era en ese
nuestro nacer y dárselo a otra mujer extraña que quiere,
darnos placer sexual sin pensar que mucho antes de nacer
ya teniamos el amor de una gran mujer;
No tenemos necesidad de improvisar el amor pués siempre,
llega cuándo menos lo esperamos y disfrutamos con alegría
para soñarlo con melancolía.
Autor: Ángel San Isidro
Cuándo nacemos el más grande amor que recibimos,
es el de nuestras sacrifidas madres que llorán porque
el amor no se improvisa cuando de sus buenos pechos,
mamamos y que muchas nos ofrecen sin recurrir a los
biberones cuándo poca leche tienen sus buenos dulces,
tiernos pechos;
Pero siempre que llegamos a ser adultos el buen amor,
se tranforma y dónde hubo ilusión ahora de mayores
improvisamos el amor usando nuestra razón para ser,
muy egoístas y pretender recibir sin sufrir en una serie
de valores que nos enseñaron nuestras madres sin pedir,
espectaculares demostraciones de amor;
El verdadero amor no se improvisa se da o no se da pero,
quiere recular para volver a ser ese amor que era en ese
nuestro nacer y dárselo a otra mujer extraña que quiere,
darnos placer sexual sin pensar que mucho antes de nacer
ya teniamos el amor de una gran mujer;
No tenemos necesidad de improvisar el amor pués siempre,
llega cuándo menos lo esperamos y disfrutamos con alegría
para soñarlo con melancolía.
Autor: Ángel San Isidro