Jesús B.Rodriguez Saludes
Poeta recién llegado
¡Enhorabuena, mister presidente!
Copiosos años de buenaventuranza
y rutilante estrella
en el ejercicio de la encomiable
pero siempre ingrata misión
de pastorear a la grey que le aplaude embelesada
y de meter en cintura, sin ninguna compasión,
a toda oveja descarriada.
Querría desearle de corazón lo mejor de lo mejor.
Por ejemplo, que sea piadoso -en primer lugar-
con quienes lo aborrecen,
comprender a quienes les echaron abajo de un tirón
sus mármoles viejos y aceros bruñidos,
tras el simulacro de una lid
que ya tenía desde hacía mucho tiempo
todas las cartas marcadas;
perdonar a quienes se negaron a postrarse de rodillas
para adorar a ignotos y desaliñados héroes
que, en honor de la verdad,
deberían mal dormir en la más abominable
de las cárceles.
Le rogaría también que mantuviera
este frágil equilibrio de paz
tejido durante los últimos años,
que no se desgastara, sin sentido alguno,
en la desolación de otra guerra,
que el caos y la propotencia
no se les escape por completo
de sus amorosas manos.
Confío en que usted castigará –llegado el caso-
solo para corregir innombrables yerros,
solo por el bien de todos,
solo para salvaguardar el orden y la ley
en este su doliente mundo.
De sobra es conocido su ilimitado afán de justicia.
Fama tiene de entereza, probidad y conducta intachable.
Sabemos, en fin, que siempre le ha gustado
jugar límpio,
y que las trampas y los fraudes
pertenecen por entero al podrido patrimonio
de sus jurados enemigos.
No me explico, mister presidente,
cómo es posible que con tanta lustrosa biografía
no se le haya concedido todavía
el codiciado Nobel.
Última edición: