marquelo
Negrito villero
A Romi
La noche espera
las fotografías ancestrales ríen
en las paredes más recientes;
luminosos astros chocan y se alinean
como grandes espectadores de colores.
La noche espera
en su canto hay una nostalgia de héroes caídos
de ninfas que danzan en los bosques alocados,
y en las fronteras del mundo
dos corazones laten al unísono como tambores
de guerra, enarbolando los alientos al viento
estanpándolos con el rojo atardecer.
El cuarto se llena de viento de vino dulce
de tu ambrosía de tu cortejo de miel
ajustando la ancha correa del tiempo
en una estancia de cama
donde llego guiado por tus palabras perfumadas.
La noche ya no espera y se desata salvajemente
con rayos luminosos como brillo de campanas.
En la estancia nos miramos palpitar sin queja de dolor
y nuestras manos temblorosas se juntan con cruces
de esperanzas sellando nuestros ojos.
Nuestros cuerpos se funden como golpe de mareas
y sentimos un calor amenazante
ante nuestos cuerpos desnudos. Nos vemos como
si ambos fueramos espejos del deseo anhelado,
sensualidad contraída con los versos consumados
tú y yo a la vanguardia del placer, nos miramos
y unos besos escapan como mariposas hacia los sexos
perfectos, hierba que sosega al ansia revolucionaria.
Te tomo con mis manos , tu cuerpo cálido, castaño
de almendras frescas de aliento cristalizado por el
"Te quiero" que cuelga como fruta madura,
como miel de tus ojos.
Y nuestros cuerpos se afirman en uno
con movimientos frenéticos, ondulantes ,
de aventureros abriendo los tesoros que
nos ofrecemos mutuamente.
Veo tu cuerpo, perfecto, senos como dunas delicadas
cálices con vino bendecido,
y lo degusto como un aparecido en la hierba,
hambriento y sediento
me achico y me agiganto en cada poro de tu piel
urgando en cada sensación
que te hace volar
y tus manos aprietan al aire buscando más deseo
y cierras los ojos y respiras todo el aire del mundo
mientras sigo infinitamente en tu piel
como un sello sagrado.
La noche espera
las fotografías ancestrales ríen
en las paredes más recientes;
luminosos astros chocan y se alinean
como grandes espectadores de colores.
La noche espera
en su canto hay una nostalgia de héroes caídos
de ninfas que danzan en los bosques alocados,
y en las fronteras del mundo
dos corazones laten al unísono como tambores
de guerra, enarbolando los alientos al viento
estanpándolos con el rojo atardecer.
El cuarto se llena de viento de vino dulce
de tu ambrosía de tu cortejo de miel
ajustando la ancha correa del tiempo
en una estancia de cama
donde llego guiado por tus palabras perfumadas.
La noche ya no espera y se desata salvajemente
con rayos luminosos como brillo de campanas.
En la estancia nos miramos palpitar sin queja de dolor
y nuestras manos temblorosas se juntan con cruces
de esperanzas sellando nuestros ojos.
Nuestros cuerpos se funden como golpe de mareas
y sentimos un calor amenazante
ante nuestos cuerpos desnudos. Nos vemos como
si ambos fueramos espejos del deseo anhelado,
sensualidad contraída con los versos consumados
tú y yo a la vanguardia del placer, nos miramos
y unos besos escapan como mariposas hacia los sexos
perfectos, hierba que sosega al ansia revolucionaria.
Te tomo con mis manos , tu cuerpo cálido, castaño
de almendras frescas de aliento cristalizado por el
"Te quiero" que cuelga como fruta madura,
como miel de tus ojos.
Y nuestros cuerpos se afirman en uno
con movimientos frenéticos, ondulantes ,
de aventureros abriendo los tesoros que
nos ofrecemos mutuamente.
Veo tu cuerpo, perfecto, senos como dunas delicadas
cálices con vino bendecido,
y lo degusto como un aparecido en la hierba,
hambriento y sediento
me achico y me agiganto en cada poro de tu piel
urgando en cada sensación
que te hace volar
y tus manos aprietan al aire buscando más deseo
y cierras los ojos y respiras todo el aire del mundo
mientras sigo infinitamente en tu piel
como un sello sagrado.