DIEGO
Poeta adicto al portal
¿Puedes sentir la tersura de la noche sobre tu piel regada de rocío?. Yo estoy allí.
¿Ves las estrellas demoradas y altas en fugaz caída repentina?. Mis manos las empujan.
¿Sientes deseos de subir montañas decoradas de nieve en su cintura?. Adelante, en la cima espero.
Porque el deseo oculto de tus necesidades son generados deliberadamente por mis ocurrencias.
Dices que quieres quererme y no te animas.
El temor sin sentido cierto. Te acercas sigilosa, y a punto de tocarme, huyes despavorida.
Todo lo que deseas lo tienes a la mano. Atrévete a tus ganas.
Si sabes que te espero escondido en las sombras de tus huellas cansadas, incesantes.
Esa seguridad es mi condenado destino. Te sabes ganadora.
Acariciando el deseo destilado en promesas de tus rojos labios, de tus manos, sedativo de las iracundas ganas de poseerte. Así espero, mientras dibujo antojos en tu mente, que ciega por placer de cometerlos, no alcanza a ver los hilos que mis manos mueven.
Nada es para siempre, ni siquiera esta espera que amenaza infinitud.
La venda caerá, y así sabrás que el hacedor de tu destino es quien temes amar.
Por ahora, continúa creyendo que todo lo puedes. Aún tengo la patria potestad de tu ilusión.
¿Ves las estrellas demoradas y altas en fugaz caída repentina?. Mis manos las empujan.
¿Sientes deseos de subir montañas decoradas de nieve en su cintura?. Adelante, en la cima espero.
Porque el deseo oculto de tus necesidades son generados deliberadamente por mis ocurrencias.
Dices que quieres quererme y no te animas.
El temor sin sentido cierto. Te acercas sigilosa, y a punto de tocarme, huyes despavorida.
Todo lo que deseas lo tienes a la mano. Atrévete a tus ganas.
Si sabes que te espero escondido en las sombras de tus huellas cansadas, incesantes.
Esa seguridad es mi condenado destino. Te sabes ganadora.
Acariciando el deseo destilado en promesas de tus rojos labios, de tus manos, sedativo de las iracundas ganas de poseerte. Así espero, mientras dibujo antojos en tu mente, que ciega por placer de cometerlos, no alcanza a ver los hilos que mis manos mueven.
Nada es para siempre, ni siquiera esta espera que amenaza infinitud.
La venda caerá, y así sabrás que el hacedor de tu destino es quien temes amar.
Por ahora, continúa creyendo que todo lo puedes. Aún tengo la patria potestad de tu ilusión.
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