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Inesperadamente tú

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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Calla el rompiente del río sinuoso,
su corriente cristalina se muere
dejando al desnudo sus corales
y las entrañas borrosas de su fondo,
quedan al descubierto las huellas
de las raíces sedientas de los chopos,
y junto a ellas, con la mirada limpia,
llega como de un sueño antiguo
con sus pies descalzos y su sonrisa,
camina despacio y etérea por la orilla
bañada por los parpadeos del sol,
y en una orquesta de mirlos y jilgueros,
con las notas enamoradas de sus trinos
ella baila al compás de la melodía
y mientras gira y alza sus brazos ríe,
flota delicada como una caricia
otorgando esperanza al nuevo día;
el campo estéril recobra la vida,
la montaña velada reaparece hermosa
y mi corazón vuelve a latir de prisa,
mientras a lo lejos, entre las hojas,
sobre los juncos sé que ella me espera.
Las doradas hojas de los nogales
suspiran en las retorcidas ramas
con la inocencia de un primer beso,
bajo su sombra camina sin destino
buscando aquellas notas ya pasadas
que un día le alcanzaron el alma
y dieron un vuelco a su corazón,
esas notas llenas de flores hermosas,
de gotas cristalinas y zarzamoras,
de senderos abiertos hacia el mar;
en esas notas alegres inesperadamente
entre los parpadeos suaves del sol
me alcanzó la dulzura de su rostro,
la cadencia de su diáfano vestido,
y mientras bailábamos bajo las hojas
con los pies descalzos fue su sonrisa
quien dio esperanza a mi corazón,
llenó con su dulce melodía a mi vida
con las notas más bellas del amor.
 
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Calla el rompiente del río sinuoso,
su corriente cristalina se muere
dejando al desnudo sus corales
y las entrañas borrosas de su fondo,
quedan al descubierto las huellas
de las raíces sedientas de los chopos,
y junto a ellas, con la mirada limpia,
llega como de un sueño antiguo
con sus pies descalzos y su sonrisa,
camina despacio y etérea por la orilla
bañada por los parpadeos del sol,
y en una orquesta de mirlos y jilgueros,
con las notas enamoradas de sus trinos
ella baila al compás de la melodía
y mientras gira y alza sus brazos ríe,
flota delicada como una caricia
otorgando esperanza al nuevo día;
el campo estéril recobra la vida,
la montaña velada reaparece hermosa
y mi corazón vuelve a latir de prisa,
mientras a lo lejos, entre las hojas,
sobre los juncos sé que ella me espera.
Las doradas hojas de los nogales
suspiran en las retorcidas ramas
con la inocencia de un primer beso,
bajo su sombra camina sin destino
buscando aquellas notas ya pasadas
que un día le alcanzaron el alma
y dieron un vuelco a su corazón,
esas notas llenas de flores hermosas,
de gotas cristalinas y zarzamoras,
de senderos abiertos hacia el mar;
en esas notas alegres inesperadamente
entre los parpadeos suaves del sol
me alcanzó la dulzura de su rostro,
la cadencia de su diáfano vestido,
y mientras bailábamos bajo las hojas
con los pies descalzos fue su sonrisa
quien dio esperanza a mi corazón,
llenó con su dulce melodía a mi vida
con las notas más bellas del amor.
Hermoso.
Grato de leer
Saludos
 

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