Inevitable

Martín Renán

Poeta adicto al portal
Detrás del nido,
echó raíces
desde octubre
en el jardín de helechos;
cómo dolió
ovar
embrión de la vida.

Contra viento y marea, el corazón ya sin alas.

Porque
la memoria
tiene brotes de nostalgia,
(como creación)
En secreto
barcos de totora,
de inevitable
dejavú
al final del sueño.

Nadie oyó
el crujir de un nardo;
ni las manos
al cielo
como mártires;
sobre cactus en los ojos en señal
de reverencia.

El alma de cenizas al otro lado de la frontera,
pedestal
(de nadie)
en el anonimato.

Desistió
nuevamente, rehén
a la luz
de luciérnagas;
la palabra como epitafio
y el mundo
otra vez,
en la palestra.

Apenas,
el sonido
que más lastima,
dio un giro
mortal en la multitud

y se amotinaron
lobos
en la garganta.

Así, Ermitaño,
corazón de poeta aficionado.

Y aquello que se llame de puras nalgas, soberbia.
 
Detrás del nido,
echó raíces
desde octubre
en el jardín de helechos;
cómo dolió
ovar
embrión de la vida.

Contra viento y marea, el corazón ya sin alas.

Porque
la memoria
tiene brotes de nostalgia,
(como creación)
En secreto
barcos de totora,
de inevitable
dejavú
al final del sueño.

Nadie oyó
el crujir de un nardo;
ni las manos
al cielo
como mártires;
sobre cactus en los ojos en señal
de reverencia.

El alma de cenizas al otro lado de la frontera,
pedestal
(de nadie)
en el anonimato.

Desistió
nuevamente, rehén
a la luz
de luciérnagas;
la palabra como epitafio
y el mundo
otra vez,
en la palestra.

Apenas,
el sonido
que más lastima,
dio un giro
mortal en la multitud

y se amotinaron
lobos
en la garganta.

Así, Ermitaño,
corazón de poeta aficionado.

Y aquello que se llame de puras nalgas, soberbia.


Un verdadero lujo leer y releer este poema. Mis aplausos Martin.

Palmira
 

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