José Cornejo Valadez
Poeta recién llegado
Y fue al último instante cuando, triste,
llorando me dijiste:
¡vas a partir, no sé si vuelva a verte,
no sé si esta será la última cita!
Y luego, con la cuita:
¡tal vez antes que tú, venga la muerte!
El tiempo y la distancia todo miden,
a veces nos despiden
y vuelven a reunirnos adelante;
pero el futuro está vedado a todos
y allá, de todos modos
no faltará algún corazón amante.
Los hombres son así, todo lo olvidan,
son pájaros que anidan
en donde puedan cobijar su frío,
sin importar que derruido dejan,
al tiempo que se alejan,
el nido del primer amor, vacío.
Te vas porque de mí ya estás cansado
buscando en otro lado
amores, sin pensar en mi abandono;
no te importan mi llanto ni mi suerte;
por si no vuelvo a verte,
adiós, puedes partir; yo te perdono...
Y si acaso regresas algún día,
de noche o de día
búscame. Pues si aún muerta tú me pides
que vuelva, he de volver, mi alma lo jura,
desde la sepultura;
mi amor es para siempre, no lo olvides...
Eso me dijo el día de la partida
sabiendo que una herida
profunda su dolor me causaría,
y que el tiempo obligado de mi ausencia,
pensando en su dolencia,
la culpa de mi marcha aumentaría...
Volví por fin de mi partir forzado,
mi estudio terminado,
buscando con afán a la adorada.
¡Ves! -pensaba decirla- vuelvo ahora,
mi alma aún te adora;
todo pasó sin que pasara nada.
Volví con la ilusión de ver sus ojos
postrándome de hinojos
y decirla: ¡lo ves, nada a pasado!...
¡Y la encontré con otro! ¡Oh, Dios del cielo!
¿De qué sirvió mi anhelo
si ella, la infame y cruel, me había olvidado?
Si ella, quien me decía desecha en llanto
cuánto me amaba, cuánto,
jugó con mi cariño...¿Qué me espera?...
¡Oh! La muerte es mejor, mi cuerpo dice
si a quien yo tanto quise
destrozó el corazón de esa manera...
llorando me dijiste:
¡vas a partir, no sé si vuelva a verte,
no sé si esta será la última cita!
Y luego, con la cuita:
¡tal vez antes que tú, venga la muerte!
El tiempo y la distancia todo miden,
a veces nos despiden
y vuelven a reunirnos adelante;
pero el futuro está vedado a todos
y allá, de todos modos
no faltará algún corazón amante.
Los hombres son así, todo lo olvidan,
son pájaros que anidan
en donde puedan cobijar su frío,
sin importar que derruido dejan,
al tiempo que se alejan,
el nido del primer amor, vacío.
Te vas porque de mí ya estás cansado
buscando en otro lado
amores, sin pensar en mi abandono;
no te importan mi llanto ni mi suerte;
por si no vuelvo a verte,
adiós, puedes partir; yo te perdono...
Y si acaso regresas algún día,
de noche o de día
búscame. Pues si aún muerta tú me pides
que vuelva, he de volver, mi alma lo jura,
desde la sepultura;
mi amor es para siempre, no lo olvides...
Eso me dijo el día de la partida
sabiendo que una herida
profunda su dolor me causaría,
y que el tiempo obligado de mi ausencia,
pensando en su dolencia,
la culpa de mi marcha aumentaría...
Volví por fin de mi partir forzado,
mi estudio terminado,
buscando con afán a la adorada.
¡Ves! -pensaba decirla- vuelvo ahora,
mi alma aún te adora;
todo pasó sin que pasara nada.
Volví con la ilusión de ver sus ojos
postrándome de hinojos
y decirla: ¡lo ves, nada a pasado!...
¡Y la encontré con otro! ¡Oh, Dios del cielo!
¿De qué sirvió mi anhelo
si ella, la infame y cruel, me había olvidado?
Si ella, quien me decía desecha en llanto
cuánto me amaba, cuánto,
jugó con mi cariño...¿Qué me espera?...
¡Oh! La muerte es mejor, mi cuerpo dice
si a quien yo tanto quise
destrozó el corazón de esa manera...