Infancia con mi madre





Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Reían las vecinas con tus pláticas.
Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumíferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capítulo.

 



Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Reían las vecinas con tus pláticas.
Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumíferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capítulo.


Que orgullosa ha de sentirse tu madre de ese hermoso retrato que haces de ella, un gran poema en esta octavas reales (creo). Nos ha presentado a esa madre llena de vida...y nos hemos prendado de tu hermoso homenaje.
Bellas muy bellas estrofas Sergio. Gracia por dejarnos tan emotivos versos, un placer.
Un honor tener aquí tan hermoso retrato familiar.
Isabel
Un fuerte abrazo
 
Última edición:
Excelentes octavas reales enmarcando toda una vida de la madre amorosa y activa que supo sacar adelante a los hijos con amorosa disciplina. Buenas imágenes de la granja o patio donde retazabais.

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Que orgullosa ha de sentirse tu madre de ese hermoso retrato que haces de ella, un gran poema en esta octavas reales (creo). Nos ha presentado a esa madre llena de vida...y nos hemos prendado de tu hermoso homenaje.
Bellas muy bellas estrofas Sergio. Gracia por dejarnos tan emotivos versos, un placer.
Un honor tener aquí tan hermoso retrato familiar.
Un abrazo
Isabel
Un fuerte abrazo
No llegó a leerla pero a mis hermanos les gusta. Muchas gracias, Isabel. Un beso.
 



Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Reían las vecinas con tus pláticas.
Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumíferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capítulo.

Excelente homenaje, Sergio, a tu madre.
Qué orgullosa estará de tu retrato para ella
y su sabio y fructífero hacer
en el día a día.
Preciosas todas las imágenes que recreas en cada verso
como es usual en ti,
cariños,

ligiA
 
Excelente homenaje, Sergio, a tu madre.
Qué orgullosa estará de tu retrato para ella
y su sabio y fructífero hacer
en el día a día.
Preciosas todas las imágenes que recreas en cada verso
como es usual en ti,
cariños,

ligiA
Hola, Ligia.
Como decía más arriba, lo escribí después de su partida.
Muchas gracias por tu visita.
Un beso.
 



Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Reían las vecinas con tus pláticas.
Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumíferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capítulo.


Parece que las infancias con madre se parecen sin importar tiempos, condiciones, ni lugares.

Hay mucho amor en este poema, mi compa. Enhorabuena. Que vivan las madres de nuestras infancias, estén donde estén a estas alturas.
 
Abnegación y virtud es la cápsula que veo aquí, y te digo que hasta parece un calco de lo que puedo llegar pensar acerca de mi madre. Es notable que a nosotros, "los hombrecitos", a veces nos inculcan salir a la calle a abofetear la vida, mientras que a la mujer (por suerte en el presente, creo que ya no al nivel que vi de peque, pero puedo estar equivocado) se le pide sacrificio y "multitasking" emocional y profesional. Muchas cosas buenas para mencionar en este poema, pero eso creo que implicaría abusar de tu tiempo.

Un abrazo




Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Reían las vecinas con tus pláticas.
Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumíferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capítulo.

 



Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Reían las vecinas con tus pláticas.
Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumíferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capítulo.

Maravilla, Sergio, nunca te había leído en este estilo. Un gran gusto leerte.
 
Entrañables recuerdos que hablan de un cariño inmenso y lleno de admiración,
me encanta un hijo que hable tantas bellezas de su madre, eso demuestra un
corazón inmenso lleno de valores positivos y ejemplarizantes. Gracias por este
bellísimo momento de tus letras en este espacio.
Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
 

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