Edith Elvira Colqui Rojas
Poeta recién llegado
Mi infancia camina
con zapatos rotos,
con algunos pasadores de cariño difuminado,
un vestido remendado de sueños,
bolsillos vacíos de ternura,
y costuras hechas de risas fugadas.
Deambula con la ropa holgada,
con manchas de juegos olvidados,
y el frío escondido entre sus pliegues.
Su farol se marchitó en luces de la nada,
sombra pequeña que no espera flores;
en sus ropas ajadas hay un aire de duda y miedo,
en su acera llueven
risas que no vieron la luz.
Sus osos de peluche silenciosos
guardaban abrazos que no llegaron,
mientras el tiempo aprendía a callar
en sus pupilas astilladas.
Su ropa holgada tuvo manchas de juegos olvidados,
y el frío latiendo en sus costuras.
Marañas de trabajo aguijoneando sus juegos,
paladares de hambre,
buscando alimento de amor.
Fue mi infancia:
un ánfora con poca agua de atención,
una niñez rota
en vidrios sin retorno.
Infancia lastimada,
con caramelos amargos
y una luz
que no resistió el embiste.
Y aun así late dentro de mí,
la niña azul que no se rinde,
aunque el mundo le haya tejido
latigazos de sombra herida.
Edith Elvira Colqui Rojas-Perú
con zapatos rotos,
con algunos pasadores de cariño difuminado,
un vestido remendado de sueños,
bolsillos vacíos de ternura,
y costuras hechas de risas fugadas.
Deambula con la ropa holgada,
con manchas de juegos olvidados,
y el frío escondido entre sus pliegues.
Su farol se marchitó en luces de la nada,
sombra pequeña que no espera flores;
en sus ropas ajadas hay un aire de duda y miedo,
en su acera llueven
risas que no vieron la luz.
Sus osos de peluche silenciosos
guardaban abrazos que no llegaron,
mientras el tiempo aprendía a callar
en sus pupilas astilladas.
Su ropa holgada tuvo manchas de juegos olvidados,
y el frío latiendo en sus costuras.
Marañas de trabajo aguijoneando sus juegos,
paladares de hambre,
buscando alimento de amor.
Fue mi infancia:
un ánfora con poca agua de atención,
una niñez rota
en vidrios sin retorno.
Infancia lastimada,
con caramelos amargos
y una luz
que no resistió el embiste.
Y aun así late dentro de mí,
la niña azul que no se rinde,
aunque el mundo le haya tejido
latigazos de sombra herida.
Edith Elvira Colqui Rojas-Perú