Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Infidelidad, perdón sin bendición
Las mamas todo lo saben y Margarita era mamá, así que sabía, o por lo menos intuía las miraditas adolescentes de Francisco y su hijo Enrique, al que siempre en cada reunión, desde que él estaba en primaria, hasta que no pudo más, lo presumió como su hombre heredero, remarcando más el “hombre” que lo de heredero.
Margarita tuvo una hija hermosa que siempre persiguió a Francisco hasta que lo cazo por las buenas, Francisco, con tal de ver a Enrique toda la vida, aceptó el anillo nupcial de manos de Remedios, que así se llamaba la hija de Margarita hermana de Enrique y, dejó que su cabeza fuera exhibida como buena presa, en el álbum familiar.
Margarita fue con Francisco la típica suegra del mal cuento, del mal sueño, de la mala vida. Él por llevar bien las cosa jamás dijo nada y soporto estoico cada pulla, cada mala hablada, cada intriga, cada rumor, cada chingadera de su suegra.
Francisco era un pan de azúcar, si el celibato hubiera sido lo suyo lo harían canonizado, hasta fingió toda la vida y de maravillosa manera adorar a la suegra a la vez que, de su alma sacó toda la libido que pudo haber tenido alguna vez por el “heredero”.
Jamás dio de que mal hablar, ya que jamás hizo nada malo y, durante su matrimonio de mas de veinte años, cumplió de manera cabal sus obligaciones de hombre de casa, de yerno, de cuñado y de esposo ejemplar.
Un día, la muerte se acerco lentamente a la beata Margarita, benévola le permitió irse despidiendo de sus seres queridos, la fila afuera de su cuarto era pequeña.
Recordó a su esposo y se arrepintió de haberle echado a perder la vida, así se lo dijo al sacerdote que le hacia mas llevadero el trance, cuando los estertores comenzaron.
Los últimos de la fila para despedirse eran Remedios, Enrique y Francisco en ese orden, orden que la Divina Providencia les había asignado.
Francisco sabía que faltaba poco, pues medico como era, ya había escuchado en infinidad de ocasiones como, la vida cuando se escapa por la boca, se atasca como si fuera migajón en la garganta. Se lo hizo saber a Remedios quien entró presurosa a la recamara, besó a su madre y ella a su vez le confesó todo lo que tuvo que hacer para granizarle la felicidad, el cura a su vez, cuando escucho eso, le dio la absolución por esos pecados, asintiendo lévenmele con la cabeza.
Siguió el turno a Enrique, al que miró piadosa, le hizo un gesto para que se acercara y le musitó al oído; Cásate hijo, deja esos malos pensamientos, los hombres no son para los hombres, busca una buena mujer que te comprenda y ten hijos, asegúrate que el apellido de tu padre, que Dios lo tenga en su santa gloria y a quien en breve veré de nuevo, trascienda. El varón de la iglesia, asintió, sacó un pañuelo y secó unas lagrimitas y le absolvió de nuevo al escuchar tan sentidas palabras.
Enrique salió de la recamara llorando su frustración y se escondió en su recamara.
Remedios le habló a Francisco; mi madre siempre te ha tenido estima, cariño, entra y habla con ella, sé que tus palabras terminaran por reconfortarla y así ella sabrá que las puertas del reino estarán abiertas cuando su sufrir termine.
Francisco entró a la recamara, miró al cura directo a los ojos y se arrodillo ante la cama de su suegra, muy cerquita de su rostro, le arropo, le acomodo la almohada aun sabiendo que ello no reduciría en nada los estertores que ya en cada momento eran mas pausados y silencioso, le tomó la mano, y le dijo con voz apenas audible para el sacerdote y su suegra; le perdono de corazón todo el mal que me hizo, el cura que sabía bien lo que Margarita sentía por el yerno, asintió.
Ahora bien, le pido que usted me perdone por el único fallo que he tenido en mi vida de casado y que cometí esta misma mañana cuando Remedios le atendía con tanto denuedo, al cura se le perló la frente de sudor, joven como era, no estaba acostumbrado a asistir en el ultimo momento a nadie. Quiero que sepa, le dijo muy despacio calculando el tiempo de vida que le quedaba y haciéndole una señal con la cabeza al sacerdote para que preparara los santos oleos, ¿me escucha? pregunto para asegurarse de que estaba aun lucida, Margarita hizo una señal leve, muy leve de asentimiento, hoy le fui infiel a su hija, el cura se levanto rápido de su silla, movió fieramente la cabeza con una negación tremenda, tal vez murmuró un padre nuestro, se trono los dedos de las manos y abandonó rápidamente la habitación llevando consigo el aceite bendito, justo en ese momento Francisco le dijo a su suegra; hoy señora, hoy por la mañana, tuve sexo con ese hombre que acaba de salir de aquí, Margarita se atraganto, abrió los ojos de manera inmensa y murió sin la sagrada bendición
Gayo. 31.12.10 en una tarde con una tormenta de polvo tremenda, esperando que no sea mal fario el año que entra.
Nota 1. los nombres de los protagonistas de esta historia no han sido cambiados, ni para proteger su identidad, lastima que no me sé el nombre del probo hombre de la iglesia. ji ji
Nota 2. en ocasiones la realidad es mas sorprendente que la fantasía
Nota 3. hacer caso omiso de la Nota 2
Nota 4. Cualquier parecido a la fantasía es pura realidad.
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