Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
La noche se vistió en soledad
aquel instante que dejaste de mirarme,
en triste angustia mi felicidad.
Por que sé que no volverás a nombrarme.
Aparecías con tus pasos humeantes
y me perseguiste en silencio,
yo te buscaba desde antes.
Pero al enfrentarte me mirabas con desprecio.
Despertaba en tus ausencias
mientras desatendías el paso de mi dolor,
no aprendí a acaparar tus presencias.
¿Podríamos llamarlo amor?.
Te he buscado y me haz postergado
entre el murmullo y el silencio del abatido,
no huyo de tus manos de cadena y de candado.
Te enfrentaba sin temor y no me habías vencido.
Soplaste mi corazón y detuviste su andar
lo convertiste en barro con tu traición,
era nuestra oportunidad para amar.
De seguir con la marcha de la creación.
Tu traición llega
para restregar mi herida,
para lacerar la llaga.
Abierta que me deja tu partida.
Desde esa noche oscura para mi vida
no sé si lo sabrá él, o ella se lo haya dicho,
no ha sido tranquilidad saberla compartida.
Debo de renunciar a ella, amándola mucho.
Duele reconocer que no me amaste nunca
que solo retratabas te amo para el archivo de la felicidad,
mientras para mi fuiste la única.
Te alejaste tras tu infidelidad.
Intentaba sostener la mirada formando filas
pero aparté la mía, para que no me delate,
y no descubras el temblor de mis pupilas.
Ni la prisa con que mi corazón late.
En el corredor de los amores burlados
muchas almas llegan muertas,
sacrificadas en suicidios desesperados.
Quedando encerradas en habitaciones abiertas.
Empieza siendo un dolor agridulce
pero igual duele en el alma,
nadie lo puede describir como se produce.
Ni en que momento perdemos la calma.
No escribo a pedido ni por encargo
solo intento plasmar una triste historia de amar,
que le sucedió a un buen amigo.
Aunque no la haya sabido contar.
aquel instante que dejaste de mirarme,
en triste angustia mi felicidad.
Por que sé que no volverás a nombrarme.
Aparecías con tus pasos humeantes
y me perseguiste en silencio,
yo te buscaba desde antes.
Pero al enfrentarte me mirabas con desprecio.
Despertaba en tus ausencias
mientras desatendías el paso de mi dolor,
no aprendí a acaparar tus presencias.
¿Podríamos llamarlo amor?.
Te he buscado y me haz postergado
entre el murmullo y el silencio del abatido,
no huyo de tus manos de cadena y de candado.
Te enfrentaba sin temor y no me habías vencido.
Soplaste mi corazón y detuviste su andar
lo convertiste en barro con tu traición,
era nuestra oportunidad para amar.
De seguir con la marcha de la creación.
Tu traición llega
para restregar mi herida,
para lacerar la llaga.
Abierta que me deja tu partida.
Desde esa noche oscura para mi vida
no sé si lo sabrá él, o ella se lo haya dicho,
no ha sido tranquilidad saberla compartida.
Debo de renunciar a ella, amándola mucho.
Duele reconocer que no me amaste nunca
que solo retratabas te amo para el archivo de la felicidad,
mientras para mi fuiste la única.
Te alejaste tras tu infidelidad.
Intentaba sostener la mirada formando filas
pero aparté la mía, para que no me delate,
y no descubras el temblor de mis pupilas.
Ni la prisa con que mi corazón late.
En el corredor de los amores burlados
muchas almas llegan muertas,
sacrificadas en suicidios desesperados.
Quedando encerradas en habitaciones abiertas.
Empieza siendo un dolor agridulce
pero igual duele en el alma,
nadie lo puede describir como se produce.
Ni en que momento perdemos la calma.
No escribo a pedido ni por encargo
solo intento plasmar una triste historia de amar,
que le sucedió a un buen amigo.
Aunque no la haya sabido contar.
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