Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Las piedras estornudamos cuando sentimos frío,
sudamos crisis convulsivas, pequeños terremotos.
Frialdad que nos sobreviene del magma interior,
chispa de origen no alcanza a tocar su orilla
para manifestarse en nuestro unívoco gesto.
Las piedras corremos hacia dentro bajo el relámpago,
nos hundimos en nosotras hasta habitar el espíritu
de nuestra eterna conversación con las estrellas.
Las piedras reímos instantes minerales bocabajo,
lloramos arena cuando nos duele la garganta
en la punta de la lengua de tanto gritar nuestra prisa.
Cuando estamos a solas, las piedras nos encendemos,
practicamos el brillo de nuestras particulares miradas,
pero todas compartimos el único ojo.
Las piedras somos el comienzo de todos los ríos;
no hay árbol que no se levante de nuestro bostezo.
Un ave no es otra cosa que una piedra herida de aire.
Las piedras no soñamos pues siempre estamos despiertas;
solo los muertos y los dioses pueden soñarnos.
La piedras somos un espejo para los ciegos.
Es mentira que las poetas, los escultores o las arquitectas
pueden observar lo que llevamos por dentro:
se ven a sí mismos porque también están encerrados,
solos con su voz incesante y su esqueleto.
sudamos crisis convulsivas, pequeños terremotos.
Frialdad que nos sobreviene del magma interior,
chispa de origen no alcanza a tocar su orilla
para manifestarse en nuestro unívoco gesto.
Las piedras corremos hacia dentro bajo el relámpago,
nos hundimos en nosotras hasta habitar el espíritu
de nuestra eterna conversación con las estrellas.
Las piedras reímos instantes minerales bocabajo,
lloramos arena cuando nos duele la garganta
en la punta de la lengua de tanto gritar nuestra prisa.
Cuando estamos a solas, las piedras nos encendemos,
practicamos el brillo de nuestras particulares miradas,
pero todas compartimos el único ojo.
Las piedras somos el comienzo de todos los ríos;
no hay árbol que no se levante de nuestro bostezo.
Un ave no es otra cosa que una piedra herida de aire.
Las piedras no soñamos pues siempre estamos despiertas;
solo los muertos y los dioses pueden soñarnos.
La piedras somos un espejo para los ciegos.
Es mentira que las poetas, los escultores o las arquitectas
pueden observar lo que llevamos por dentro:
se ven a sí mismos porque también están encerrados,
solos con su voz incesante y su esqueleto.
5 de julio de 2021