F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Ingenua estampa de la doncella dormida...
La luna llegó a tu lecho
a través de la ventana.
Se recreó con tu pelo
esparcido en la almohada
y con tu cuerpo armonioso
mientras dormías cansada.
Sólo cubría tu pecho
el encaje de la sábana
y una sonrisa sutil
iluminaba tu cara.
Soñabas, probablemente.
Seguramente soñabas
con amores inocentes
y con anillos de plata...
La brisa quiso besarte
en la mejilla y, callada,
al contemplar tu semblante
se fue al romper el alba.
¡Si yo me vestí de Luna
no fue por verte descalza!
¡fue… porque tenías roto
un cristal de tu ventana!
La luna llegó a tu lecho
a través de la ventana.
Se recreó con tu pelo
esparcido en la almohada
y con tu cuerpo armonioso
mientras dormías cansada.
Sólo cubría tu pecho
el encaje de la sábana
y una sonrisa sutil
iluminaba tu cara.
Soñabas, probablemente.
Seguramente soñabas
con amores inocentes
y con anillos de plata...
La brisa quiso besarte
en la mejilla y, callada,
al contemplar tu semblante
se fue al romper el alba.
¡Si yo me vestí de Luna
no fue por verte descalza!
¡fue… porque tenías roto
un cristal de tu ventana!
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