Cuando reflexiono sobre estos temas, desde luego me siento entre los más favorecidos: tengo una casa con todas las comodidades: agua corriente, calefacción, cama, ropa, frigorífico, lavadora, lavavajillas, internet; tengo incluso un garaje con un coche. Nada opulento, desde luego.
Yo no sé si realmente sería posible que todo el mundo tuviera estas comodidades. Esa duda me carcome.
Tampoco sé qué estaría dispuesto a sacrificar para mejorar la situación de los desfavorecidos y eso me hace sentir egoísta.
Más allá de mi entorno cercano, en el que intento tratar a todas las personas con respecto y amabilidad, me siento impotente para cambiar las cosas; quizás solo lo siento para justificarme.
Creo que comparto el sentimiento de aspiración a una justicia social que creo que te inspira el poema. Cuando dices:
Yo te pregunto:
¿Cómo?
¡Hola Fingal!
Me gusta tu reflexión.
Hace un par de años hice un poema preguntando que quienes frecuentaban estos espacios.
¿Quiénes tenían el privilegio de gastar tiempo y dinero escribiendo cosas, tal vez, sin importancia o, tal vez, con "importancia"?
Llegué a la conclusión, obvia, que ese privilegio solo lo tienen personas como tú, tal vez, como yo, pero especialmente ese privilegio lo tienen más la gente de América Latina, por las difíciles condiciones económicas que reinan en esa parte del mundo, mientras que en Europa, occidental, las condiciones son mucho menos complicadas, pudiéndose decir que una persona que vive en Europa occidental y que pertenece a una clase social algo baja se puede equiparar con una persona de clase media, hacia ariiba, de América Latina. Con eso te quiero decir que es imposible que alguien de clase baja en América Latina se puede dar el lujo de gastar su tiempo y mucho menos su dinero en estos espacios. Partiendo de ese punto de vista, se puede decir que estos espacios son para cierta élite.
En todo cambio social la clase más renuente es la clase media, ya que no quieren estar bajo el horizonte de la pobreza, pero tampoco pasan el umbral que los separa con los realmente adinerados por muchos factores. Esa es la clase más peligrosa y egoísta. Las grandes revoluciones no han sido hechas por gente de clase media, sino paradógicamente han sido hechas por gente adinerada e inclusive gente humilde.
En este medio en que impera el capitalismo, que es la explotación del hombre por el hombre, es muy difícil hallar una solución al gran problema social que agobia el mundo, habría que cambiar de paradigma; es una tarea ardua, de concientizar; hay que cambiar de estructura, e incluso es una cuestión generacional. El primer paso es tratar de cambiar ese sistema capitalista por otro más humano, por lo que hay que comenzar a eligir gobernantes con mentalidad social, filantrópica, no gobernantes que tengan compromisos con multinacionales y que estén totalmente desligados de los grandes centros del poder económico.
Mientras eso se comience a llevar a cabo, se puede ayudar a los más necesitados de muchas maneras: enseñándolos a leer, a escribir, a trabajar, regalándole ropa que ya no se use, creando centros de enseñanza, en fin, hay muchas maneras de ayudar al necesitado, solo hace falta voluntad y algo de sacrificio.
Suerte.
Sigifredo