Xavier Taboada
Poeta asiduo al portal
Atado, prisionero soy,
en cautiverio permanezco,
en un lugar distante,
en una ciudad de mágica fantasía.
En una prisión en los cielos,
en una plataforma de un país rodeado de nubes.
Desde mi celda te veo,
a ti también te han tomado prisionera,
atrapada en una estatua estás,
en el monumento de una deidad griega.
Pareces una muñeca callada,
una silenciosa princesa en espera.
A lo lejos se escuchan los reclamos de la gente,
gritan s exigiendo justicia.
El amor para nosotros era algo imposible,
pero aún sabiéndolo cometimos el pecado de amar.
Por eso fuimos encerrados,
para que nuestros sentimientos jamás se pudieran unir.
Ahora tus colores se acallaron,
el rojo de tus venas desapareció,
de negro y el gris se viste tu cuerpo,
tu sonrisa se eternizó en el gesto estático de una piedra fría.
Te convertirse en un trofeo admirable más,
en otro rostro hermoso,
del cual los dioses se pueden jactar .
en cautiverio permanezco,
en un lugar distante,
en una ciudad de mágica fantasía.
En una prisión en los cielos,
en una plataforma de un país rodeado de nubes.
Desde mi celda te veo,
a ti también te han tomado prisionera,
atrapada en una estatua estás,
en el monumento de una deidad griega.
Pareces una muñeca callada,
una silenciosa princesa en espera.
A lo lejos se escuchan los reclamos de la gente,
gritan s exigiendo justicia.
El amor para nosotros era algo imposible,
pero aún sabiéndolo cometimos el pecado de amar.
Por eso fuimos encerrados,
para que nuestros sentimientos jamás se pudieran unir.
Ahora tus colores se acallaron,
el rojo de tus venas desapareció,
de negro y el gris se viste tu cuerpo,
tu sonrisa se eternizó en el gesto estático de una piedra fría.
Te convertirse en un trofeo admirable más,
en otro rostro hermoso,
del cual los dioses se pueden jactar .
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