ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde el páramo verde-gris de tu mirada
evanescente y honda
se intuía un horizante
un más allá
una profundidad iluminada
porque el sol se puso de este lado
(así creía)
y mi oscura tozudez y mi deseo
tuvieron miedo
y a silencio se llamaron
y observé
con cautela de fiera liberada
que encontró la celda abierta
afuera nada
afuera todo,
observé dibujado lo inminente
un destino inmediato allí forjado
un paso ineludible hacia adelante
y te besé
y nos besamos
y entonces la ternura contenida
la que allí había y no se presentía
hubo de rodear y envolver todo el silencio
y todos los temores disipados
dieron lugar a que se entronizara
poco a poco
la confianza que precede a la alegría.
Tus ojos tenías cerrados...
pero yo ya no temía,
no era pasión solamente,
era ternura.
evanescente y honda
se intuía un horizante
un más allá
una profundidad iluminada
porque el sol se puso de este lado
(así creía)
y mi oscura tozudez y mi deseo
tuvieron miedo
y a silencio se llamaron
y observé
con cautela de fiera liberada
que encontró la celda abierta
afuera nada
afuera todo,
observé dibujado lo inminente
un destino inmediato allí forjado
un paso ineludible hacia adelante
y te besé
y nos besamos
y entonces la ternura contenida
la que allí había y no se presentía
hubo de rodear y envolver todo el silencio
y todos los temores disipados
dieron lugar a que se entronizara
poco a poco
la confianza que precede a la alegría.
Tus ojos tenías cerrados...
pero yo ya no temía,
no era pasión solamente,
era ternura.
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