Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
No era más que otro
día por vivir
no era más que otra tarde
envuelta para el olvido,
roja de recuerdos
indefinidos.
Tú... un alto en mi camino.
La vida tiene puertas
unas cerradas otras abiertas
otras aún no descubiertas,
y al margen de tu recuerdo
cuando solo me sostengo del mundo
de esta taza de café,
debo declararte
inolvidable.
Inolvidable
en mis manos cerradas
y apoyadas en mi frente,
inolvidable
en esta esquina de la vida,
inolvidable
en tu abrazo ausente,
inolvidable
en estas costas vacías
donde no encuentro nada que hacer,
solo creer que tú exististe en mis días.
Los mares son implacables,
de vidrios rotos sus playas,
creo ver tu silueta
a lo lejos
dibujada por el viento,
los mares ya no me hablan,
los mares callaron
y me niegan los versos
que te cantaban,
los mares callaron su poesía
y solo me susurran
tu memoria,
y me devuelven tu nombre
pintado de algas.
Inolvidable
y me aferro al camino
de donde quiero despegar cada tarde,
aquí me puso el destino
cuando se apagaron tus ojos,
y cuando te dejo el aliento
que era mío.
No puedo describir
lo que jamás leerán tus ojos,
pero fue una noche celeste
una elegida para convencerme,
para preguntarme
que es la muerte,
para caminar solo por la noche
y enfrentar el miedo
de haberte perdido
y por siempre.
Solo me quedan tus sueños vivos
en esta absoluta soledad,
tu aroma en un abrigo
y un beso que me consume
y que me ha prometido
dormirse conmigo,
ese beso último
que me hace declararte
inolvidable.
día por vivir
no era más que otra tarde
envuelta para el olvido,
roja de recuerdos
indefinidos.
Tú... un alto en mi camino.
La vida tiene puertas
unas cerradas otras abiertas
otras aún no descubiertas,
y al margen de tu recuerdo
cuando solo me sostengo del mundo
de esta taza de café,
debo declararte
inolvidable.
Inolvidable
en mis manos cerradas
y apoyadas en mi frente,
inolvidable
en esta esquina de la vida,
inolvidable
en tu abrazo ausente,
inolvidable
en estas costas vacías
donde no encuentro nada que hacer,
solo creer que tú exististe en mis días.
Los mares son implacables,
de vidrios rotos sus playas,
creo ver tu silueta
a lo lejos
dibujada por el viento,
los mares ya no me hablan,
los mares callaron
y me niegan los versos
que te cantaban,
los mares callaron su poesía
y solo me susurran
tu memoria,
y me devuelven tu nombre
pintado de algas.
Inolvidable
y me aferro al camino
de donde quiero despegar cada tarde,
aquí me puso el destino
cuando se apagaron tus ojos,
y cuando te dejo el aliento
que era mío.
No puedo describir
lo que jamás leerán tus ojos,
pero fue una noche celeste
una elegida para convencerme,
para preguntarme
que es la muerte,
para caminar solo por la noche
y enfrentar el miedo
de haberte perdido
y por siempre.
Solo me quedan tus sueños vivos
en esta absoluta soledad,
tu aroma en un abrigo
y un beso que me consume
y que me ha prometido
dormirse conmigo,
ese beso último
que me hace declararte
inolvidable.
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