*Sabrina*
Una niña gris
Tati
*Sabrina*
Indeleble
a las habladurías del mundo hostil.
Debajo de pies descalzos
quedan huérfanos
los senderos intranquilos de la piel,
calcinados en castillos de cristal herido.
El viento
acaricia la entrepierna de la luna
lamenta
las catacumbas de esta mente
en la que ella se halla sumida.
a las habladurías del mundo hostil.
Debajo de pies descalzos
quedan huérfanos
los senderos intranquilos de la piel,
calcinados en castillos de cristal herido.
El viento
acaricia la entrepierna de la luna
lamenta
las catacumbas de esta mente
en la que ella se halla sumida.
Imágenes vacuas de una
vespertina
madrugada derruida,
metafóricamente ausente.
Navajas de luz
cortan la garganta de ideas,
y sosiegan el humo del silencio,
con claro gesto de huída.
Huele a tormenta
de incienso
la supersticiosa manía
de arraigarme al misterio.
De momentos
soy la parte siniestra
de la sombra
que cabecea extremidades,
de los sueños
humedecedores
de la médula de mis iras.
Sintiéndome cal
entre las fisuras de las paredes.
¡Malparidos
guerreros del tiempo!
espejismos,
simples espejismos,
de lo imperecedero.
de incienso
la supersticiosa manía
de arraigarme al misterio.
De momentos
soy la parte siniestra
de la sombra
que cabecea extremidades,
de los sueños
humedecedores
de la médula de mis iras.
Sintiéndome cal
entre las fisuras de las paredes.
¡Malparidos
guerreros del tiempo!
espejismos,
simples espejismos,
de lo imperecedero.
Anhelo,
emanciparme
de lo correcto
perderme
entre caprichosos laberintos
de misterios,
librar apocalípticas batallas
en lluvia plastificada,
tocar con las llamas de los dedos
el verso de malva que se forma
en el cuarto menguante del espejo,
contemplar al mundo
desde las tinieblas de mi encierro interno.
Deseo en un instante impúdico,
devolverme en el tiempo
congelar el espectro de mis dudas,
viajar sin rumbos y sin lamentos
a ese lugar donde las oraciones ausentes
se escalonan en mi cuello,
desarraigarme de este cuerpo
que no cruzará conmigo
cuando me toque el infierno.
Polvo soydevolverme en el tiempo
congelar el espectro de mis dudas,
viajar sin rumbos y sin lamentos
a ese lugar donde las oraciones ausentes
se escalonan en mi cuello,
desarraigarme de este cuerpo
que no cruzará conmigo
cuando me toque el infierno.
y no lamento
mi caminar soberbio...
ni la caótica lluvia de veranos
columpiándose en el albedrío
de ficticias emociones.
*A las cárceles de nuestra voluntad*
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