Jose Manuel Guerrero
Poeta recién llegado
Tu dulce voz
es como el vino carnoso,
casi se puede masticar.
Tu mirada penetrante
es como la puntilla
que se adentra en el madero.
Tus manos suaves,
son alas angelicales de terciopelo.
¡Vuelan a una piel para cuidarla!
Tus piernas son de larga travesía,
pero todos sienten corto su camino.
¡Tus labios de cereza!
Dan la dulzura a el goloso
con la acidez que lo enajena.
Tus dientes están hechas de las perlas
de la tercera cuarta parte de la Tierra
que ocupa el océano.
La pena, mi triste pena,
es mi deseo de tu monte de Venus.
¡Que ni el monte va a Mahoma
y ni Mahoma va al monte!
es como el vino carnoso,
casi se puede masticar.
Tu mirada penetrante
es como la puntilla
que se adentra en el madero.
Tus manos suaves,
son alas angelicales de terciopelo.
¡Vuelan a una piel para cuidarla!
Tus piernas son de larga travesía,
pero todos sienten corto su camino.
¡Tus labios de cereza!
Dan la dulzura a el goloso
con la acidez que lo enajena.
Tus dientes están hechas de las perlas
de la tercera cuarta parte de la Tierra
que ocupa el océano.
La pena, mi triste pena,
es mi deseo de tu monte de Venus.
¡Que ni el monte va a Mahoma
y ni Mahoma va al monte!