¡Para!, ¡detente¡,
dijo el agua enfurecida.
Tu sangre me ahoga,
y las gotas de tu llanto me asfixian.
¿Por qué no huyes con tu llorar
a los límites de otra orilla?.
Hojas de un árbol
fugitivo de otoño,
golpearon sus cabellos
con ráfagas de viento viudo;
insensibles, vacíos de amar.
Así viajó al desierto de la soledad,
con su pecho semi abierto,
goteando palabras perfumadas,
cayendo en el polvo un nombre,
uno que amó sin remedio.
dijo el agua enfurecida.
Tu sangre me ahoga,
y las gotas de tu llanto me asfixian.
¿Por qué no huyes con tu llorar
a los límites de otra orilla?.
Hojas de un árbol
fugitivo de otoño,
golpearon sus cabellos
con ráfagas de viento viudo;
insensibles, vacíos de amar.
Así viajó al desierto de la soledad,
con su pecho semi abierto,
goteando palabras perfumadas,
cayendo en el polvo un nombre,
uno que amó sin remedio.