Insípido

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Poeta recién llegado
Insípido
es la palabra que busco.
Insípido.

No es imposible de comer,
solo es insípido,
un poco molesto,
pero tolerable.

Así me siento mis días últimamente:
insípidos.

No pasa nada,
nada en especial que me haga llorar,
nada en especial que me enoje,
nada en general.

¿Es tolerable? Sí.
¿Pero hasta qué punto?

¿Hasta cuándo puedo seguir pasando la comida con la bebida?
¿Hasta cuándo podré agregarle sal
y fingir que está bien,
que estoy bien,
que cada bocado no me cuesta más que el anterior,
que disfruto de la comida?

Porque, ¿por qué no lo haría?

Y agrego más sal disimuladamente,
esperando que así en algo se arregle.

Pero no,
no está bien,
no estoy bien.

No va a ser igual.
El problema está fuera de mi alcance,
no lo puedo arreglar.

Digo que estoy llena antes de tiempo,
aunque muera de hambre.
No quiero dar ni un bocado más.

No es traumático,
es insípido.

No es “demasiado” en ningún sentido.
Es extraño al compararlo con lo salado.
El exceso te hace sentir una emoción instantánea:
felicidad, tristeza, enojo.

Pero la carencia no.
Es tan suave que ni la notas,
te va matando de a poco,
como un veneno.

Es como estar muerto en vida:
insipidez, monotonía.

Se supone que aún no es el momento.
Insípido se debe sentir un matrimonio después de 30 años juntos.
Insípido no es una vida joven.

Salud, energía,
sal,
exceso,
no carencia.

Insípida es la vejez,
no la juventud.

Entonces, ¿por qué me siento así?
¿Acaso no tengo lo que debería?
 
Insípido
es la palabra que busco.
Insípido.

No es imposible de comer,
solo es insípido,
un poco molesto,
pero tolerable.

Así me siento mis días últimamente:
insípidos.

No pasa nada,
nada en especial que me haga llorar,
nada en especial que me enoje,
nada en general.

¿Es tolerable? Sí.
¿Pero hasta qué punto?

¿Hasta cuándo puedo seguir pasando la comida con la bebida?
¿Hasta cuándo podré agregarle sal
y fingir que está bien,
que estoy bien,
que cada bocado no me cuesta más que el anterior,
que disfruto de la comida?

Porque, ¿por qué no lo haría?

Y agrego más sal disimuladamente,
esperando que así en algo se arregle.

Pero no,
no está bien,
no estoy bien.

No va a ser igual.
El problema está fuera de mi alcance,
no lo puedo arreglar.

Digo que estoy llena antes de tiempo,
aunque muera de hambre.
No quiero dar ni un bocado más.

No es traumático,
es insípido.

No es “demasiado” en ningún sentido.
Es extraño al compararlo con lo salado.
El exceso te hace sentir una emoción instantánea:
felicidad, tristeza, enojo.

Pero la carencia no.
Es tan suave que ni la notas,
te va matando de a poco,
como un veneno.

Es como estar muerto en vida:
insipidez, monotonía.

Se supone que aún no es el momento.
Insípido se debe sentir un matrimonio después de 30 años juntos.
Insípido no es una vida joven.

Salud, energía,
sal,
exceso,
no carencia.

Insípida es la vejez,
no la juventud.

Entonces, ¿por qué me siento así?
¿Acaso no tengo lo que debería?
Buen comienzo LetrasQueCallo.
Bienvenido al Foro.

Saludos
 
Bienvenido, Letras que callo, buen inicio en el Portal compartiendo este surrealista poema que nos ofreces como primicia y muestra de tu obra lírica.
Espero te encuentres a gusto entre nosotros y sigas presentando asiduamente tus temas en los foros del Portal.


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Insípido
es la palabra que busco.
Insípido.

No es imposible de comer,
solo es insípido,
un poco molesto,
pero tolerable.

Así me siento mis días últimamente:
insípidos.

No pasa nada,
nada en especial que me haga llorar,
nada en especial que me enoje,
nada en general.

¿Es tolerable? Sí.
¿Pero hasta qué punto?

¿Hasta cuándo puedo seguir pasando la comida con la bebida?
¿Hasta cuándo podré agregarle sal
y fingir que está bien,
que estoy bien,
que cada bocado no me cuesta más que el anterior,
que disfruto de la comida?

Porque, ¿por qué no lo haría?

Y agrego más sal disimuladamente,
esperando que así en algo se arregle.

Pero no,
no está bien,
no estoy bien.

No va a ser igual.
El problema está fuera de mi alcance,
no lo puedo arreglar.

Digo que estoy llena antes de tiempo,
aunque muera de hambre.
No quiero dar ni un bocado más.

No es traumático,
es insípido.

No es “demasiado” en ningún sentido.
Es extraño al compararlo con lo salado.
El exceso te hace sentir una emoción instantánea:
felicidad, tristeza, enojo.

Pero la carencia no.
Es tan suave que ni la notas,
te va matando de a poco,
como un veneno.

Es como estar muerto en vida:
insipidez, monotonía.

Se supone que aún no es el momento.
Insípido se debe sentir un matrimonio después de 30 años juntos.
Insípido no es una vida joven.

Salud, energía,
sal,
exceso,
no carencia.

Insípida es la vejez,
no la juventud.

Entonces, ¿por qué me siento así?
¿Acaso no tengo lo que debería?
Hola. Me ha gustado. Realmente no siempre, pero muchas veces salir del estado de carencia es una decisión personal e intransferible.
Buen comienzo. Felicidades a tu pluma.

Dani.
 

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