Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
La corona que en la noche brilla azulada,
se mantiene inmersa en difuntos pliegues que escuecen
como la radiografía de una moradura.
Las conchas del barro elevan el vino como nostalgias de caníbales
sangrando el rumor amapolado del agrio plomo de nuestro lloro.
Brindis en los techos sopesados del opaco deslucir de la carne.
Demasiada hilandez de ternuras que terminan,
sin Clavijo
sin hallazgo
sin sorpresa
metidas en una caja de bohemias aventuras.
Donde la sonrisa dibuja ante su tristeza
vagones de inmediatez penetrando
la montaña de los misterios.
Hechos insolidarios pellizcos de verbena.
Reservados todos los derechos©
se mantiene inmersa en difuntos pliegues que escuecen
como la radiografía de una moradura.
Las conchas del barro elevan el vino como nostalgias de caníbales
sangrando el rumor amapolado del agrio plomo de nuestro lloro.
Brindis en los techos sopesados del opaco deslucir de la carne.
Demasiada hilandez de ternuras que terminan,
sin Clavijo
sin hallazgo
sin sorpresa
metidas en una caja de bohemias aventuras.
Donde la sonrisa dibuja ante su tristeza
vagones de inmediatez penetrando
la montaña de los misterios.
Hechos insolidarios pellizcos de verbena.
Reservados todos los derechos©
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