alejandreiro
Poeta asiduo al portal
Tengo los ojos cerrados,
los tengo escapados.
No encuentro descanso,
mi cama está tibia
y los pies helados.
Cuando encienda la luz de mesa
esto habrá terminado.
Qué estúpido, no tiene caso.
Aquí están el papel y el lápiz,
preparándome el lazo.
Aquí van, de nuevo, mis dedos,
sumergidos en el afán de seguir a ti unidos.
Mis dedos urgentes, patológicos, impacientes,
no se detienen ni para alejar al zancudo
que hace rato visita mi frente.
La TV no da resultado, tampoco el radio.
Tengo tu nombre incrustado en mis labios.
Tengo la necesidad de nombrarte,
de buscarte en la luz más tenue.
Aquí, en este continente, todos duermen;
en este país, en este barrio, todos duermen;
los vecinos, las ventanas, las flores,
el ciprés y el perro de enfrente.
Y yo te busco entre la gente,
en los sueños de los otros,
en sus casas durmientes,
en el silencio creciente.
El silencio no duerme.
Devora a la noche y anuda mi pena
a la única estrella de mi cielo
obnubilado.
El silencio es celeste.
Amanece, mi amor,
amanece
Mis dedos sangran, se detienen
y tú,
tú no vienes.
los tengo escapados.
No encuentro descanso,
mi cama está tibia
y los pies helados.
Cuando encienda la luz de mesa
esto habrá terminado.
Qué estúpido, no tiene caso.
Aquí están el papel y el lápiz,
preparándome el lazo.
Aquí van, de nuevo, mis dedos,
sumergidos en el afán de seguir a ti unidos.
Mis dedos urgentes, patológicos, impacientes,
no se detienen ni para alejar al zancudo
que hace rato visita mi frente.
La TV no da resultado, tampoco el radio.
Tengo tu nombre incrustado en mis labios.
Tengo la necesidad de nombrarte,
de buscarte en la luz más tenue.
Aquí, en este continente, todos duermen;
en este país, en este barrio, todos duermen;
los vecinos, las ventanas, las flores,
el ciprés y el perro de enfrente.
Y yo te busco entre la gente,
en los sueños de los otros,
en sus casas durmientes,
en el silencio creciente.
El silencio no duerme.
Devora a la noche y anuda mi pena
a la única estrella de mi cielo
obnubilado.
El silencio es celeste.
Amanece, mi amor,
amanece
Mis dedos sangran, se detienen
y tú,
tú no vienes.
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