Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desnudando acequias siembras cosechas
de frutos prohibidos,
olores que abren la fábula eclipsan el alma
cuyas manos perdieron la clave
que al adherirse a un cuerpo fatigado
encendió tu fuego aún revuelto por el ensayo
de mis dedos.
No rechaces mis huellas en tu cuerpo,
no confabules tu impaciencia contra el
sudor de repetidas endechas,
cantos de amor cuando todo se detenga,
cuando la espesura del bosque nos cobije
o nos amarren al barco que se hunde.
Todo coincide en alumbrar nuestro destino:
la hojarasca del otoño,
las pálidas nubes y el frío,
el cordial calor del encierro clandestino...
Todo eso y mucho más será lo que nos una,
lo que atraviese las imágenes que recién abandonan
las sombras de un tiempo ya perdido...
de frutos prohibidos,
olores que abren la fábula eclipsan el alma
cuyas manos perdieron la clave
que al adherirse a un cuerpo fatigado
encendió tu fuego aún revuelto por el ensayo
de mis dedos.
No rechaces mis huellas en tu cuerpo,
no confabules tu impaciencia contra el
sudor de repetidas endechas,
cantos de amor cuando todo se detenga,
cuando la espesura del bosque nos cobije
o nos amarren al barco que se hunde.
Todo coincide en alumbrar nuestro destino:
la hojarasca del otoño,
las pálidas nubes y el frío,
el cordial calor del encierro clandestino...
Todo eso y mucho más será lo que nos una,
lo que atraviese las imágenes que recién abandonan
las sombras de un tiempo ya perdido...