Roy Dávatoc
Poeta asiduo al portal
De pocos gemidos
roncos
laceras mis oídos,
huérfanos de tu voz
que dejas a sorbos
en cántaros;
estériles, requisas
que ahuyentan el dolor;
que lo bolea mudo,
aquel llanto de niño
cual grito ahogado
en la garganta
ahuecada de licor
del hombre
poco sabio
cuando canta
entre blancos ojos
la pérdida del amor.