Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
El reloj de arena detuvo la pasión,
y no fue ya lo mismo...
Tu cabellera mecida
por nimias manos afanosas, leves
fundió esa levedad en los pechos de la angustia
y no fue ya lo mismo...
No fue la inquieta mirada de ojeras
no fue el paisaje marino extendido,
ni los ojos replicados en los espejos
ni la servidumbre ansiosa de la carne,
ni las voces deformadas por las venas
( en la ida, en el tránsito de vuelta)
ese verano olvidó minucias:
Las caricias del balcón...Las flores secas.
y no fue ya lo mismo...
Tu cabellera mecida
por nimias manos afanosas, leves
fundió esa levedad en los pechos de la angustia
y no fue ya lo mismo...
No fue la inquieta mirada de ojeras
no fue el paisaje marino extendido,
ni los ojos replicados en los espejos
ni la servidumbre ansiosa de la carne,
ni las voces deformadas por las venas
( en la ida, en el tránsito de vuelta)
ese verano olvidó minucias:
Las caricias del balcón...Las flores secas.