Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
La sombra de las palomas
levantan el polvo de la tarde.
Las calles se llenan de voces
en orfandad de eco,
pero que trazan
nuevas lineas al laberinto.
Entre torres catedralicias
se aprisiona el sol.
Tenemos miedo de mirar la cielo,
las estrellas nos recuerdan
el vértigo del infinito,
al que ya no tenemos exención.
Y se encalan las calles de quebrantos.
Los giros de la luna
abren ramblas en el cielo negro.
Persigo a lo lejos
el reflejo de un espejo
que me lleva a una revelación
siempre antigua
y siempre nueva.
No renovare mis pasos
en estas viejas piedra,
cada senda se pierde
en horizontes de silencio.
Las palomas siembran sombras
sobre el bullir de las plazas.
¿Acaso no este instante
nos recuerda nuestra mortalidad?
levantan el polvo de la tarde.
Las calles se llenan de voces
en orfandad de eco,
pero que trazan
nuevas lineas al laberinto.
Entre torres catedralicias
se aprisiona el sol.
Tenemos miedo de mirar la cielo,
las estrellas nos recuerdan
el vértigo del infinito,
al que ya no tenemos exención.
Y se encalan las calles de quebrantos.
Los giros de la luna
abren ramblas en el cielo negro.
Persigo a lo lejos
el reflejo de un espejo
que me lleva a una revelación
siempre antigua
y siempre nueva.
No renovare mis pasos
en estas viejas piedra,
cada senda se pierde
en horizontes de silencio.
Las palomas siembran sombras
sobre el bullir de las plazas.
¿Acaso no este instante
nos recuerda nuestra mortalidad?