Centenares de personas,
miles de huellas grabándose en la arena,
labios destellantes
dejando collares de perlas
van y vienen
como las alegrías y las penas.
Antes que ellos,
la soledad era única dueña
y el viento de la nostalgia
te llenaba por dentro
mientras escuchabas su eterna letra.
Entre brisas de salitre,
soles y arenas,
la orilla se va llenando
de besos y promesas
creándose esos castillos de
felicidad y quimeras.
El sol se va callando en silencio,
las gaviotas juguetean
sobre las olas,
es hora de que uno se convierta
en sueño para que el mar meza
los sentimientos dormidos
y deje a las olas llevarse las huellas.
Luis
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