campanilla
Poeta recién llegado
Se quemaba sin reparo alguno aquel pétalo,
que depositaste en mis agrietadas manos.
Se quemaba chispeando aquel palillo
con el que ambos nombres grabaste.
Se quemaba y se perdía
todo el campo de margaritas.
Pero nunca se quemaba,
la fruta prohibida,
cuyos esponjosos labios,
días atrás lamías.
Se quemaba todo aquello
que algún día floreció;
pero nunca se quemará
esa intensa llama de amor.
que depositaste en mis agrietadas manos.
Se quemaba chispeando aquel palillo
con el que ambos nombres grabaste.
Se quemaba y se perdía
todo el campo de margaritas.
Pero nunca se quemaba,
la fruta prohibida,
cuyos esponjosos labios,
días atrás lamías.
Se quemaba todo aquello
que algún día floreció;
pero nunca se quemará
esa intensa llama de amor.