Jose Anibal
Poeta recién llegado
Intento ya olvidar que estás ausente,
intento ya fingir que estás presente;
pretendo aún llenar este vacío
con recuerdos de ayer y desvarío.
Mis manos vuelan a tu rostro amado
y trémulas lo acercan a mis labios
que con ansia recorren su contorno.
Mente febril, comparsa de deseos,
un cuerpo candente y manos que anhelan
depositar en tí tanta ternura,
hacerme realidad esta quimera.
La obscuridad es cómplice perfecta
de este loco deseo, de este reclamo,
pero ya la luz del día indiscreta
me obliga a abrir los ojos y te llamo.
El eco de mi voz cual burla hiriente
sitia a este ámbito, desolado y frío
pleno de realidad, de vida inerte.
La soledad es lápida aplastante
que a mi ser aprisiona despiadada
cuando este cuerpo muerto, ya sin alma,
sin reposar en paz vaga incesante
sentencia por amar...a quien no me ama.
intento ya fingir que estás presente;
pretendo aún llenar este vacío
con recuerdos de ayer y desvarío.
Mis manos vuelan a tu rostro amado
y trémulas lo acercan a mis labios
que con ansia recorren su contorno.
Mente febril, comparsa de deseos,
un cuerpo candente y manos que anhelan
depositar en tí tanta ternura,
hacerme realidad esta quimera.
La obscuridad es cómplice perfecta
de este loco deseo, de este reclamo,
pero ya la luz del día indiscreta
me obliga a abrir los ojos y te llamo.
El eco de mi voz cual burla hiriente
sitia a este ámbito, desolado y frío
pleno de realidad, de vida inerte.
La soledad es lápida aplastante
que a mi ser aprisiona despiadada
cuando este cuerpo muerto, ya sin alma,
sin reposar en paz vaga incesante
sentencia por amar...a quien no me ama.