Intercede.
Sin más remedio,
sin más posibilidades,
como última opción,
acudo, Dios, a ti.
Te insulté,
te negué,
y no creo
en tu existencia.
Pero, me veo,
en la forzosa
necesidad,
de hablarte,
de pedirte consuelo.
Si estás,
dame valentía,
o por lo menos,
intercede por mi.
No hago más
que pensar,
y penosamente lo digo,
en mi desdicha.
Es un cobardía,
pero no queda
más opción.
Si estás presente,
no te olvides de mi,
y dile a ella,
que no se olvide de mi,
como yo no puedo
olvidarme de ella.
Sus alas relucientes
¿cómo olvidarlas?
Dios, si existes,
concédeme ese favor,
verla volar,
al menos,
una vez.
Su risa tímida
¿cómo no recordarla?
Es tan de ella,
como tan suyo,
es mi pensamiento
constante.
En este instante,
la recuerdo
¿cómo olvidarla?
Dios, si existes,
déjame tocarla,
aunque sea su cabello,
o sus mejillas
rosadas.
No creo en ti,
pero no me queda
más que intentarlo.
Si es necesario,
te pediré perdón,
pero dile a ella,
cuanto quisiera,
que mis latidos
fuesen el sentido
de los suyos.
Critiquen por favor!
Sin más remedio,
sin más posibilidades,
como última opción,
acudo, Dios, a ti.
Te insulté,
te negué,
y no creo
en tu existencia.
Pero, me veo,
en la forzosa
necesidad,
de hablarte,
de pedirte consuelo.
Si estás,
dame valentía,
o por lo menos,
intercede por mi.
No hago más
que pensar,
y penosamente lo digo,
en mi desdicha.
Es un cobardía,
pero no queda
más opción.
Si estás presente,
no te olvides de mi,
y dile a ella,
que no se olvide de mi,
como yo no puedo
olvidarme de ella.
Sus alas relucientes
¿cómo olvidarlas?
Dios, si existes,
concédeme ese favor,
verla volar,
al menos,
una vez.
Su risa tímida
¿cómo no recordarla?
Es tan de ella,
como tan suyo,
es mi pensamiento
constante.
En este instante,
la recuerdo
¿cómo olvidarla?
Dios, si existes,
déjame tocarla,
aunque sea su cabello,
o sus mejillas
rosadas.
No creo en ti,
pero no me queda
más que intentarlo.
Si es necesario,
te pediré perdón,
pero dile a ella,
cuanto quisiera,
que mis latidos
fuesen el sentido
de los suyos.
Critiquen por favor!