De cuántas ventanas
corrí las cortinas
por curiosidad.
Es que me interesa
mirar hacia adentro
de esa casa grande,
que son las personas.
Y tuve sorpresas,
buenas y malas.
Y hasta alguna vez,
di vuelta la cara.
Tambien me quedé
extasiada, viendo
el lado sublime
de la gente gris.
Sólo algunos pocos
sentí confortables,
para andar descalza
o echarme a leer.
Y fueron los menos
¡Pero qué valiosos!
Los que me arroparon
en mullidos brazos,
en un cómplice cuarto
o en la distendida sombra
del patio de atrás.
corrí las cortinas
por curiosidad.
Es que me interesa
mirar hacia adentro
de esa casa grande,
que son las personas.
Y tuve sorpresas,
buenas y malas.
Y hasta alguna vez,
di vuelta la cara.
Tambien me quedé
extasiada, viendo
el lado sublime
de la gente gris.
Sólo algunos pocos
sentí confortables,
para andar descalza
o echarme a leer.
Y fueron los menos
¡Pero qué valiosos!
Los que me arroparon
en mullidos brazos,
en un cómplice cuarto
o en la distendida sombra
del patio de atrás.