BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Deslizo tierras antiguas ocasionales
demoro geografías vivas nocturnales
evasiones que emancipan vestigios neutros
de remotos amores invasores.
Deniego tributos al pan de los días
observo el deterioro desde mi atalaya proscrita
fundo ciudades submarinas en lo alto de las playas
uniformes vegetales que se agigantan paso a paso.
En la navaja de afeitar escribo mis apellidos
día tras día la hoja recita mis poemas, arpegia
mis salmos, busco en ese inmóvil magma
de la sangre y el ruido.
Proyecto carne asimilada, un resto de cobrizos metales
en las arenas caen siempre las lluvias que apenas me permito
solsticio de invierno en las laderas sumergidas
voy y anticipo los lugares.
Me permito mil apreciaciones no tengo aire
las vacaciones milenarias se acercan derribando mitos
yo ocupo mi lugar en cónclaves de húmedos ataúdes.
Mirtos y mirlos
sueños prescritos por acción de la tierra celeste
reanudo mi sangre vuelco lápices sobre el estatuto divino
me buscan los presos con sus bocas azules de sustento amarillo
rasgo los vértices opero las matrices desnudas.
Mi aliento terriblemente poético
es una daga directa al corazón coágulos de heces
provocando sinceras manifestaciones crímenes y galaxias
relámpagos indiscretos.
Algo tiene de olímpica desidia
mi faceta de poeta en las alturas
compitiendo por una masa de letras
con persianas bien cerradas.
Mi cuello es la malvasía
el tren tranvía que aletarga los sonidos del sueño
donde mueren los amantes
quedan los suspiros.
Ramas de árbol siniestro
golpeando los ruidos con carpetas
uniformes de gala flautas que dan muerte
sólidos columpios
de antiguas fábricas soñolientas.
Alguien siempre rasgándose
en lo interior con ácido
mausoleo estropeado
hasta las venales aproximaciones.
Las palabras las palabras oh las terribles
palabras, donde duermen y muerden las colas
de elefantes triturados, cómo fustigan
los consejos de ángeles mutilados.
©
demoro geografías vivas nocturnales
evasiones que emancipan vestigios neutros
de remotos amores invasores.
Deniego tributos al pan de los días
observo el deterioro desde mi atalaya proscrita
fundo ciudades submarinas en lo alto de las playas
uniformes vegetales que se agigantan paso a paso.
En la navaja de afeitar escribo mis apellidos
día tras día la hoja recita mis poemas, arpegia
mis salmos, busco en ese inmóvil magma
de la sangre y el ruido.
Proyecto carne asimilada, un resto de cobrizos metales
en las arenas caen siempre las lluvias que apenas me permito
solsticio de invierno en las laderas sumergidas
voy y anticipo los lugares.
Me permito mil apreciaciones no tengo aire
las vacaciones milenarias se acercan derribando mitos
yo ocupo mi lugar en cónclaves de húmedos ataúdes.
Mirtos y mirlos
sueños prescritos por acción de la tierra celeste
reanudo mi sangre vuelco lápices sobre el estatuto divino
me buscan los presos con sus bocas azules de sustento amarillo
rasgo los vértices opero las matrices desnudas.
Mi aliento terriblemente poético
es una daga directa al corazón coágulos de heces
provocando sinceras manifestaciones crímenes y galaxias
relámpagos indiscretos.
Algo tiene de olímpica desidia
mi faceta de poeta en las alturas
compitiendo por una masa de letras
con persianas bien cerradas.
Mi cuello es la malvasía
el tren tranvía que aletarga los sonidos del sueño
donde mueren los amantes
quedan los suspiros.
Ramas de árbol siniestro
golpeando los ruidos con carpetas
uniformes de gala flautas que dan muerte
sólidos columpios
de antiguas fábricas soñolientas.
Alguien siempre rasgándose
en lo interior con ácido
mausoleo estropeado
hasta las venales aproximaciones.
Las palabras las palabras oh las terribles
palabras, donde duermen y muerden las colas
de elefantes triturados, cómo fustigan
los consejos de ángeles mutilados.
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