celiana
Esa soy yo, es lo que hay.
Son las once de la noche de un viernes infernal
y aún creo que es muy temprano para llorar.
Pero amargando estoy, esta página;
Y lamentándome sigo escribiendo
como si nada pasara.
Aquí todo es como siempre;
mi madre no me habla,
mi padre no está
y mi hermano tose en la oscuridad.
Pero en un rincón de mi casa,
escucho áquel "ruido que no descansa"
y que me llama a odiar.
No tolero su antipatía
y pierdo los estribos ante su presencia.
Y me hallo buscando
con que acabarlo,
pero éste rompe con los
pocos retazos de mi alegría.
¡No se calla con nada!
Y empiezo a despertar a
todos los demás con sus herejías.
Y sigue el maldito "ruido"
que no contento con suprimir
mis sentidos;
se pierde por un breve momento,
apareciendo vencedor
de una batalla sin fundamento
por alguna dolida razón;
o alguna salida a lo externo,
para no sentir lo de adentro.
Nadie en casa
escucha su victoria;
pero se oye que
alguien solloza.
Siguiendo su estúpida victoria,
que me llamó a odiar,
me convierto en una hipócrita.
Al final, que ya pasaron las horas
sólo me recuesto
y pretendo no oír nada,
por que ya mucho ruido
he hecho;
al tratar de llorar
en un rincón, sola, de mi casa.
y aún creo que es muy temprano para llorar.
Pero amargando estoy, esta página;
Y lamentándome sigo escribiendo
como si nada pasara.
Aquí todo es como siempre;
mi madre no me habla,
mi padre no está
y mi hermano tose en la oscuridad.
Pero en un rincón de mi casa,
escucho áquel "ruido que no descansa"
y que me llama a odiar.
No tolero su antipatía
y pierdo los estribos ante su presencia.
Y me hallo buscando
con que acabarlo,
pero éste rompe con los
pocos retazos de mi alegría.
¡No se calla con nada!
Y empiezo a despertar a
todos los demás con sus herejías.
Y sigue el maldito "ruido"
que no contento con suprimir
mis sentidos;
se pierde por un breve momento,
apareciendo vencedor
de una batalla sin fundamento
por alguna dolida razón;
o alguna salida a lo externo,
para no sentir lo de adentro.
Nadie en casa
escucha su victoria;
pero se oye que
alguien solloza.
Siguiendo su estúpida victoria,
que me llamó a odiar,
me convierto en una hipócrita.
Al final, que ya pasaron las horas
sólo me recuesto
y pretendo no oír nada,
por que ya mucho ruido
he hecho;
al tratar de llorar
en un rincón, sola, de mi casa.