Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Trajeron a mi cristal
densas y húmedas miríadas
hondo intervalo de ti,
regalo de la nostalgia.
Abierto sobre la mesa,
junto al café de una taza,
quedó el libro que leía
sin recordar en qué página.
La vista cayó despacio
en los abismos del alma
dónde pronto se tornó
melancólica mirada:
pensarte también es lluvia
que al corazón, sin paraguas,
sorprende deambulando
por calles de la añoranza.
Suele suceder así,
atardeceres en casa,
cuando nimbos se deslíen
en gotas de remembranza;
y afuera pasa el otoño
cual amigable fantasma
que sonríe socarrón
mirando hacia mi ventana.
densas y húmedas miríadas
hondo intervalo de ti,
regalo de la nostalgia.
Abierto sobre la mesa,
junto al café de una taza,
quedó el libro que leía
sin recordar en qué página.
La vista cayó despacio
en los abismos del alma
dónde pronto se tornó
melancólica mirada:
pensarte también es lluvia
que al corazón, sin paraguas,
sorprende deambulando
por calles de la añoranza.
Suele suceder así,
atardeceres en casa,
cuando nimbos se deslíen
en gotas de remembranza;
y afuera pasa el otoño
cual amigable fantasma
que sonríe socarrón
mirando hacia mi ventana.