Planté bandera, erguido en tus colinas
y ante la aurora boreal de tus sonrojos,
dí por tierra con todos lo cerrojos,
trepado a tus almenas cristalinas.
y ante la aurora boreal de tus sonrojos,
dí por tierra con todos lo cerrojos,
trepado a tus almenas cristalinas.
Bajé tus puentes, corrí todas las cortinas
que se incendiara el sol, en tus ventanas.
Mandé sonar, todas las campanas,
y revolucioné, de versos, tus rutinas.
que se incendiara el sol, en tus ventanas.
Mandé sonar, todas las campanas,
y revolucioné, de versos, tus rutinas.
Con un cortejo de náyades marinas
irrumpí, poco a poco en tu misterio.
Y soplé en las hogueras de tu imperio,
el amor, en llamas azulinas.
irrumpí, poco a poco en tu misterio.
Y soplé en las hogueras de tu imperio,
el amor, en llamas azulinas.
Planté fogatas, en todas tus esquinas,
por asalto, tomé tus aposentos.
Antorcha en mano, bebiéndome los vientos
como un conquistador, (tu te imaginas).
por asalto, tomé tus aposentos.
Antorcha en mano, bebiéndome los vientos
como un conquistador, (tu te imaginas).
Pero no había, no, nada de ruinas
ni vestigios de batallas, ni despojos.
Estaban esperándome tus ojos,
sosteniendo solo un ¡ven!...en las retinas.
ni vestigios de batallas, ni despojos.
Estaban esperándome tus ojos,
sosteniendo solo un ¡ven!...en las retinas.
Marino Fabianesi