Petrikov
Poeta recién llegado
Siempre me preguntan por qué escribo más en invierno que en verano.
El verano tiene cosas hermosas. A veces escucho «леto» (verano) de Viktor Tsoi y durante unos minutos creo que volveré a escribir. La música hace su trabajo, pero el calor termina llevándose las palabras.
En invierno ocurre lo contrario.
Madrid anochece demasiado pronto. Camino por El Retiro mientras las ramas desnudas se mueven con el viento, y más tarde cruzo las calles de Vallekas, donde las farolas iluminan el asfalto húmedo y la ciudad parece hablar en voz baja.
Es entonces cuando aparecen los versos.
Nunca encontré inspiración en los grandes acontecimientos, sino en esos días cortos en los que el frío obliga a caminar despacio y el silencio deja espacio para pensar.
Quizá por eso el verano me regala una canción.
Pero el invierno me regala poemas.
El verano tiene cosas hermosas. A veces escucho «леto» (verano) de Viktor Tsoi y durante unos minutos creo que volveré a escribir. La música hace su trabajo, pero el calor termina llevándose las palabras.
En invierno ocurre lo contrario.
Madrid anochece demasiado pronto. Camino por El Retiro mientras las ramas desnudas se mueven con el viento, y más tarde cruzo las calles de Vallekas, donde las farolas iluminan el asfalto húmedo y la ciudad parece hablar en voz baja.
Es entonces cuando aparecen los versos.
Nunca encontré inspiración en los grandes acontecimientos, sino en esos días cortos en los que el frío obliga a caminar despacio y el silencio deja espacio para pensar.
Quizá por eso el verano me regala una canción.
Pero el invierno me regala poemas.