Antonio Díaz
Poeta recién llegado
Dijiste que sería una guerra
a corazón abierto.
Que estaríamos dispuestos a sangrar
A desangrarnos, el uno por el otro.
Cruzar el océano a nado.
Soportar los golpes...
Deshacernos, para después resurgir.
Con más fuego que odio.
Con más pasión
Que las huellas, que deja un recuerdo.
Con más ceniza que restos
dentro de cada pulmón.
Dentro de cada palabra que nos unía.
Como una sombra atada a un cuerpo.
Como un te quiero
Que va de mis venas, a tu sangre.
Que habría treguas, de heridas profundas.
Cicatrices descosidas
Que nunca dieron la cara.
Sentimientos, que a deshora
como todo lo que esconde, algún significado
llegó pero tarde.
Que pese al tiempo
Pese las dudas
nunca cesaría ese aliento.
Ese que nos mantenía
al borde de la cuerda floja.
Que me fundía
Que me abrasaba por dentro.
Y aquí sigo...
Pese al paso del tiempo.
Resucitando y muriendo.
En unos ojos tristes, y cansados
En una boca
Pidiendo auxilio.
En un invierno
Un invierno eterno
a corazón abierto.
Que estaríamos dispuestos a sangrar
A desangrarnos, el uno por el otro.
Cruzar el océano a nado.
Soportar los golpes...
Deshacernos, para después resurgir.
Con más fuego que odio.
Con más pasión
Que las huellas, que deja un recuerdo.
Con más ceniza que restos
dentro de cada pulmón.
Dentro de cada palabra que nos unía.
Como una sombra atada a un cuerpo.
Como un te quiero
Que va de mis venas, a tu sangre.
Que habría treguas, de heridas profundas.
Cicatrices descosidas
Que nunca dieron la cara.
Sentimientos, que a deshora
como todo lo que esconde, algún significado
llegó pero tarde.
Que pese al tiempo
Pese las dudas
nunca cesaría ese aliento.
Ese que nos mantenía
al borde de la cuerda floja.
Que me fundía
Que me abrasaba por dentro.
Y aquí sigo...
Pese al paso del tiempo.
Resucitando y muriendo.
En unos ojos tristes, y cansados
En una boca
Pidiendo auxilio.
En un invierno
Un invierno eterno