José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ha llegado el hombre de las barbas blancas
tumbándose sobre la cama de sus montañas
valles inhóspitos, llenos de nostalgia
perecederos como los mortales.
Una lluvia blanca en la ventana
un chasquido de viento en el oído
una chimenea latiendo de colores rojizos
un edredón en la cama de mi amada.
Escalofríos recorren mi cuerpo
no de amoríos, ni de verbenas en tu vientre
frío, siento frío en mis entrañas
en tu amor congelado, en mis labios agrietados.
Tus manos congeladas no me acarician con placer
causan erección en mis bellos
fulgor en mi mente, nieblas en mi pensamiento
acordes de poniente, mares embravecidos.
Árboles desnudos, cuerpos vestidos
hasta el ombligo,
cuerpos que se buscan dormidos
buscando el calor del tronco rojizo
una espiga erizada en el campo de tu belleza
columpiándose como se mecen las hojas al caer
Caldos calientes, en el interior de tus entrañas
ateridas, como un trozo de hielo en el tejado
después de una fiesta de pecado
Querido invierno
te espero con las manos abiertas
Como un gusano que tu amor
convierte en mariposa
cómo la luna
no tengo brillo propio
solo soy un reflejo
de tu luz, mi sol de invierno