Ramiro Gonzalo Balcaza
Poeta recién llegado
Dos miradas que divagan
El marrón iris de fuego.
Son dos filosas espadas
Que dilatan, ríen y lloran.
Y al mirar tensas y confundidas.
Recuerdan el aroma a sudoración,
Y el recuerdo de la bella oración,
Donde dos seres jugando,
Amando, conjugaron el amor.
Volaban como cigüeñas,
Lentas en un cielo de pasión,
Jugaban como mariposas
Sobre el verde resplandeciente
De tristes amores inconstantes.
Y fue así, como llegó el olvido,
Como fue triste sentarse
Y poder observar el olivo
Desde aquella plaza
Donde juntos alguna vez reímos.
Pasas lenta y calma
Reflejando el amargo
Y solitario brillo,
De la impaciencia
Y el extraño.
Pero es un imposible engaño
Perder lo mustio y melancólico,
Y el recuerdo dulce de nuestros labios.
El marrón iris de fuego.
Son dos filosas espadas
Que dilatan, ríen y lloran.
Y al mirar tensas y confundidas.
Recuerdan el aroma a sudoración,
Y el recuerdo de la bella oración,
Donde dos seres jugando,
Amando, conjugaron el amor.
Volaban como cigüeñas,
Lentas en un cielo de pasión,
Jugaban como mariposas
Sobre el verde resplandeciente
De tristes amores inconstantes.
Y fue así, como llegó el olvido,
Como fue triste sentarse
Y poder observar el olivo
Desde aquella plaza
Donde juntos alguna vez reímos.
Pasas lenta y calma
Reflejando el amargo
Y solitario brillo,
De la impaciencia
Y el extraño.
Pero es un imposible engaño
Perder lo mustio y melancólico,
Y el recuerdo dulce de nuestros labios.
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