Marcelo Namicela
Poeta recién llegado
Ironía
Nos conocimos,
todo pasó tan rápido,
nos enamoramos,
como cualquier otra historia de amor
fuimos el uno para el otro,
¡dos almas gemelas
que prometen quererse hasta la muerte!
no había más que pensar;
convencidos de nuestra suerte
decidimos el altar.
¡Vamos para dos años
y nada es igual!
Ahora mis palabras son cursilerías,
ya no acarician tu alma,
tener sexo no es más que una rutina
de un matrimonio a pique,
descuidamos nuestras fantasías,
ahora somos tal cual fuimos siempre.
Sé que finges comprender
mis absurdos enojos,
sabes que miento cuando llego tarde
porque en mi camisa más de una vez
olfateaste otro perfume,
y aun así intentas ocultar tu llanto
sonriéndole al sujeto de la esquina
quien te giñó el ojo y te lanzó un halago,
le muestras el escote de tu espalda
como un acto de complicidad.
Lo veo todo desde la ventana,
la escena abre ante mis ojos una cavidad;
la gran estupidez humana
con sus manos escarba su calamidad.
Nos conocimos,
todo pasó tan rápido,
nos enamoramos,
como cualquier otra historia de amor
fuimos el uno para el otro,
¡dos almas gemelas
que prometen quererse hasta la muerte!
no había más que pensar;
convencidos de nuestra suerte
decidimos el altar.
¡Vamos para dos años
y nada es igual!
Ahora mis palabras son cursilerías,
ya no acarician tu alma,
tener sexo no es más que una rutina
de un matrimonio a pique,
descuidamos nuestras fantasías,
ahora somos tal cual fuimos siempre.
Sé que finges comprender
mis absurdos enojos,
sabes que miento cuando llego tarde
porque en mi camisa más de una vez
olfateaste otro perfume,
y aun así intentas ocultar tu llanto
sonriéndole al sujeto de la esquina
quien te giñó el ojo y te lanzó un halago,
le muestras el escote de tu espalda
como un acto de complicidad.
Lo veo todo desde la ventana,
la escena abre ante mis ojos una cavidad;
la gran estupidez humana
con sus manos escarba su calamidad.
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